Donde el cartón cobra vida y los recuerdos se niegan a morir

Donde el cartón cobra vida y los recuerdos se niegan a morir

16 octubre, 2026 0 Por Staff Redaccion

Catrinas de cartonería en Tlatelolco: Tradición, arte y crítica social

En el corazón de Tlatelolco, un grupo de adultos mayores, jubilados y amantes del arte popular transforma materiales sencillos en figuras cargadas de memoria, identidad y reflexión social. El Taller de Cartonería del Pórtico Tlatelolco prepara una exposición de Día de Muertos que incluirá una catrina monumental de cuatro metros de altura y una ofrenda tradicional. La muestra se presentará el viernes 23 de octubre en el Jardín Santiago, donde el arte mexicano volverá a recordarnos que la muerte iguala a todos, pero la memoria mantiene vivas nuestras historias.

Redacción / Con Tlatelolco TV
Video y fotografías: Roberto Ramírez / INFORMACIÓN HUMANA
Ciudad de México, miércoles 14 de octubre de 2026.- Hay manos que, aun después de una larga vida de trabajo, no han perdido la capacidad de crear belleza.

Manos que conocen las arrugas del tiempo, que han despedido a seres queridos, que guardan historias familiares y que hoy encuentran en un pedazo de cartón una manera de conversar con el pasado.

En Tlatelolco, mientras octubre avanza y el Día de Muertos se aproxima, esas manos vuelven a reunirse alrededor del papel, el engrudo, la plastilina y los colores.

No se trata solamente de elaborar catrinas.

Se trata de preservar la memoria.

De rescatar los nombres de quienes alguna vez ocuparon una silla en la mesa familiar.

De recordar una sonrisa, una conversación, una enseñanza o aquel platillo que alguien preparaba con especial cariño.

En el Taller de Cartonería del Pórtico Tlatelolco, principalmente, adultos mayores y personas jubiladas han encontrado un espacio donde la creatividad se convierte en convivencia, aprendizaje y expresión cultural.

Cada figura representa horas de paciencia y dedicación. Pero también contiene algo que ningún material puede fabricar: los sentimientos de quienes la construyen.

El periodista Roberto Ramírez, a través de su reportaje para INFORMACIÓN HUMANA, recoge los testimonios de los participantes y nos acerca a una experiencia comunitaria en la que el arte popular se entrelaza con la historia personal.

La cámara no solamente registra figuras de cartonería.

También, escucha las voces de quienes explican por qué, en México, recordar a los muertos continúa siendo una forma de celebrar la vida.

Rafael Espinoza: la cartonería como ejercicio de memoria

Para Rafael Espinoza, maestro cartonero del taller, la llegada del Día de Muertos representa mucho más que una temporada de producción artesanal.

Es una oportunidad para regresar emocionalmente a los momentos que han marcado su existencia.

Con la serenidad de quien reconoce el valor de los recuerdos, expresa:

“A mí me encanta esta temporada de muertos y hacer catrinas porque es algo que me permite ir haciendo memoria de mi vida, de la gente que he conocido y que desafortunadamente, pues ya trascendió”.

Sus palabras revelan una dimensión íntima del trabajo artesanal.

Cada catrina puede convertirse en un homenaje silencioso.

Cada pincelada puede despertar una historia.

Cada figura terminada representa también una oportunidad para recordar lo aprendido de quienes ya no están.

En una sociedad donde frecuentemente se privilegia la rapidez y lo inmediato, el trabajo de Espinoza y sus compañeros propone algo distinto: detenerse, recordar y crear.

Porque la memoria también necesita espacios para permanecer.

Y en este taller comunitario ha encontrado uno de ellos.

Leticia García: la ofrenda como una mesa donde nadie está ausente

Para Leticia García, jubilada y participante del taller, el Día de Muertos conserva la emoción de su infancia.

Recuerda aquellos días en que las familias comenzaban a preparar los alimentos favoritos de sus seres queridos fallecidos.

No importaba si se trataba de un guiso elaborado o de algo sencillo.

Lo importante era recordar sus gustos, sus costumbres y hasta aquellas pequeñas debilidades que formaban parte de su personalidad.

En su testimonio evoca cómo se colocaban en las ofrendas los platillos preferidos, las fotografías y algunos objetos asociados con la vida cotidiana de los difuntos.

Detrás de esa costumbre existe una profunda enseñanza cultural: recordar a una persona también significa reconocerla como fue, con sus virtudes, sus costumbres y sus contradicciones.

Leticia encuentra especial importancia en transmitir esta tradición a los hijos.

Porque una ofrenda no se construye solamente con flores, veladoras y alimentos.

También se levanta con historias.

Con las anécdotas que cuentan los abuelos.

Con las fotografías que pasan de una generación a otra.

Con los nombres que alguien pronuncia para impedir que desaparezcan del recuerdo familiar.

Frente a la presencia comercial y cultural del Halloween, Leticia defiende la permanencia de las tradiciones mexicanas.

El cempasúchil, las calaveras, los altares y sus colores forman parte de una identidad que se considera indispensable conservar.

Su testimonio recuerda que las tradiciones sobreviven cuando dejan de ser únicamente celebraciones del calendario y se convierten en experiencias compartidas entre generaciones.

De la Calavera Garbancera a la Catrina: una historia de sátira y desigualdad

Detrás de los vestidos elegantes, los grandes sombreros y las sonrisas descarnadas de las catrinas existe una historia de crítica social.

El maestro Rafael Espinoza recupera durante la entrevista el origen de esta figura emblemática del arte mexicano.

Su antecedente se encuentra en la Calavera Garbancera, creada por el grabador José Guadalupe Posada, cuya obra satírica retrató las contradicciones sociales y políticas de su época.

La imagen se asocia con la crítica a quienes renegaban de sus raíces y pretendían aparentar una posición social distinta.

Décadas después, Diego Rivera incorporó a la figura en su célebre mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, realizado en 1947, contribuyendo a consolidar su identidad como la Catrina.

Lo que comenzó como una expresión de sátira terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocibles de la cultura mexicana.

Sin embargo, detrás de su popularidad permanece una reflexión que conserva vigencia:

La muerte no reconoce títulos, fortunas, privilegios ni apariencias.

El rico y el pobre.

El poderoso y el trabajador.

Quien viste con lujo y quien apenas tiene lo indispensable.

Todos comparten la misma condición humana.

Posada comprendió que una calavera podía expresar aquello que muchas veces la sociedad prefería callar.

Y más de un siglo después, los cartoneros de Tlatelolco recuperan esa capacidad crítica mediante nuevas figuras y mensajes contemporáneos.

Catrinas voluptuosas: cuando el arte cuestiona la obsesión por la belleza

La exposición de este año tendrá una particularidad.

Entre las piezas elaboradas por los participantes aparecen catrinas de formas exageradas y proporciones deliberadamente llamativas.

No son figuras concebidas únicamente para provocar una sonrisa.

Su intención es generar preguntas.

¿Por qué algunas personas sienten la necesidad de modificar constantemente su apariencia?

¿En qué momento los ideales de belleza dejan de ser una elección personal y se convierten en una presión social?

¿Hasta dónde puede llegar la búsqueda de aceptación?

La participante colombiana Miriam González explica que las creaciones de este año plantean una crítica a los excesos de la vanidad y a determinadas prácticas estéticas que pueden representar riesgos para la salud.

“No hay necesidad de tanta vanidad para verse bonito”, expresa durante el reportaje.

La reflexión adquiere relevancia en una época marcada por las redes sociales, los filtros digitales, la publicidad y la difusión constante de modelos estéticos que pueden resultar difíciles de alcanzar.

La crítica del taller no tendría que entenderse como un cuestionamiento al derecho de cada persona a decidir sobre su apariencia.

Por el contrario, invita a reflexionar sobre las presiones externas que pueden influir en esas decisiones.

Las catrinas exageradas funcionan así como un espejo de nuestra sociedad.

Una nueva versión de aquella sátira que Posada utilizó para cuestionar las apariencias.

Antes se criticaba la pretensión de aparentar una posición aristocrática.

Hoy, los artesanos colocan bajo la mirada pública la obsesión por proyectar una imagen de perfección.

El mensaje de fondo conserva su fuerza:

La dignidad humana no depende de la apariencia física, y ninguna moda debería colocarse por encima de la salud y el bienestar.

Una mirada desde Colombia: entre la oración y la conversación con los ausentes

Entre las voces que enriquecen el taller se encuentra Miriam González, participante de origen colombiano.

Su presencia aporta una perspectiva intercultural sobre las distintas maneras de recordar a quienes han fallecido.

Para ella, la tradición mexicana resulta particularmente conmovedora por la cercanía emocional que se establece simbólicamente con los difuntos.

Mientras que en su experiencia colombiana predomina la oración, en México descubre una celebración donde las familias parecen conversar con quienes ya partieron.

“Nosotros estamos en la oración; ustedes es como en la conversación”, comenta.

La observación es sencilla, pero profundamente reveladora.

En las ofrendas mexicanas, los recuerdos adquieren formas concretas.

Una fotografía ocupa el lugar de una presencia.

Un plato de comida evoca una costumbre.

Una flor recuerda una despedida.

Una veladora representa la esperanza de mantener encendido el vínculo afectivo.

No todas las culturas expresan de la misma manera su relación con la muerte.

Tampoco todas las personas comparten las mismas creencias espirituales.

Sin embargo, existe una experiencia humana que atraviesa fronteras: la necesidad de recordar a quienes hemos amado.

Miriam encuentra en el taller una oportunidad para comprender esa tradición y, al mismo tiempo, compartir su propia experiencia cultural.

Su participación demuestra que las expresiones comunitarias también pueden convertirse en espacios de encuentro entre distintas nacionalidades.

En Tlatelolco, el cartón no solamente une piezas.

También acerca historias y culturas.

Cuatro metros de altura: una catrina monumental para celebrar nuestras raíces

Entre los trabajos que prepara el Taller de Cartonería del Pórtico Tlatelolco destaca una catrina monumental de aproximadamente cuatro metros de altura.

Su tamaño representa un desafío artesanal que requiere coordinación, creatividad y trabajo colectivo.

Pero su verdadera dimensión no se mide solamente en metros.

Se encuentra en el esfuerzo compartido de quienes participan en su elaboración.

La paciencia necesaria para construir las estructuras.

En el cuidado de los detalles.

En la elección de los colores.

Y en la satisfacción de contemplar cómo una idea comienza a adquirir forma.

La exposición también incluirá calaveras artesanales, figuras decorativas y representaciones de alimentos tradicionales, además de una ofrenda dedicada a preservar la memoria de los seres queridos.

Estas expresiones forman parte de una larga tradición de cartonería mexicana, un oficio popular que transforma materiales accesibles en objetos festivos, satíricos y ceremoniales.

En las manos de los artesanos, el papel deja de ser un objeto cotidiano.

Se convierte en cultura.

En identidad.

Es una forma de narrar historias sin necesidad de escribirlas.

El Jardín Santiago abrirá sus puertas al arte popular

La cita comunitaria está prevista para el viernes 23 de octubre de 2026, en el Jardín Santiago, en Tlatelolco.

La exposición estará abierta al público y permitirá conocer las creaciones realizadas por los integrantes del taller.

Será una oportunidad para acercarse al trabajo de los cartoneros, apreciar sus figuras monumentales y reconocer el esfuerzo que existe detrás de cada pieza.

También, representará un espacio para que niñas, niños, jóvenes y adultos conozcan una expresión artística profundamente vinculada con la identidad mexicana.

Al final del reportaje de Roberto Ramírez, los participantes del taller aparecen reunidos frente a la cámara.

Entre sonrisas, entusiasmo y aplausos, extienden una invitación colectiva:

“¡Los esperamos!”

La espontaneidad del momento refleja algo que trasciende la exposición.

El orgullo de compartir lo aprendido.

La alegría de crear en comunidad.

Y el deseo de que su trabajo encuentre una mirada atenta entre los visitantes.

Porque una tradición también necesita espectadores que la comprendan, familias que la compartan y nuevas generaciones dispuestas a conservarla.

Tlatelolco: un territorio donde la memoria sigue teniendo voz

Hablar del Día de Muertos en Tlatelolco posee una resonancia particular.

Este territorio de la Ciudad de México está profundamente vinculado con la memoria histórica.

Sus espacios han sido escenario de acontecimientos que marcaron distintas etapas de la vida nacional.

Desde el pasado prehispánico hasta las transformaciones urbanas contemporáneas, Tlatelolco conserva huellas de generaciones que construyeron su identidad.

En sus plazas, jardines, edificios y andadores conviven historias familiares, recuerdos colectivos y expresiones culturales.

Por eso, una exposición de cartonería no representa únicamente una actividad recreativa.

También, constituye una oportunidad para fortalecer los vínculos comunitarios.

Especialmente cuando sus protagonistas son adultos mayores y personas jubiladas que encuentran en el arte un espacio para continuar aprendiendo, enseñar sus conocimientos y participar activamente en la vida cultural.

En una ciudad donde la soledad y el aislamiento pueden afectar a las personas mayores, los talleres comunitarios adquieren una importancia que va más allá de sus resultados artísticos.

Son lugares de convivencia.

De reconocimiento.

De intercambio de experiencias.

Y, sobre todo, de pertenencia.

El Pórtico Tlatelolco demuestra, mediante esta iniciativa, que la cultura popular puede mantenerse viva cuando existen personas dispuestas a dedicarle tiempo, sensibilidad y esfuerzo.

 La cultura también se defiende con papel y engrudo

Hay una forma silenciosa de resistencia cultural que pocas veces ocupa los grandes titulares.

No necesita escenarios monumentales ni presupuestos millonarios.

A veces comienza con una mesa, algunos materiales reciclables y un grupo de personas dispuestas a compartir sus conocimientos.

El Taller de Cartonería del Pórtico Tlatelolco representa esa resistencia cotidiana.

Sus integrantes no solamente fabrican catrinas.

Defienden el derecho a recordar.

A crear.

A transmitir conocimientos.

Y a mantener vivas expresiones culturales que forman parte del patrimonio colectivo.

En tiempos en que numerosas actividades comunitarias enfrentan dificultades para conseguir espacios, materiales y continuidad, iniciativas como ésta merecen atención, reconocimiento y respaldo institucional.

No basta con celebrar el Día de Muertos mediante grandes espectáculos.

También, es necesario valorar a quienes preservan sus expresiones populares durante todo el año.

A los maestros artesanos que comparten sus técnicas.

A las personas mayores que convierten sus recuerdos en enseñanzas.

A quienes encuentran en la cultura una oportunidad para construir comunidad.

La cartonería mexicana demuestra que el valor del arte no depende necesariamente del costo de sus materiales.

Su riqueza está en las ideas que transmite y en las emociones que despierta.

Las catrinas del Pórtico Tlatelolco, además, recuperan una función esencial del arte popular: cuestionar a la sociedad.

Al igual que la Calavera Garbancera de Posada, sus nuevas figuras nos invitan a mirar críticamente nuestras costumbres.

Hoy, la reflexión gira alrededor de la vanidad, la presión estética y los riesgos de perseguir modelos de belleza impuestos.

Mañana podría abordar otras preocupaciones sociales.

Porque el arte que conserva la tradición también puede interrogar al presente.

Y ésa es una de sus mayores virtudes.

 Mientras alguien recuerde, la memoria seguirá floreciendo

Dentro de unos días, cuando las catrinas ocupen su lugar en el Jardín Santiago, los visitantes encontrarán mucho más que figuras de papel.

Encontrarán el trabajo de personas que decidieron transformar sus recuerdos en arte.

La historia de un maestro cartonero que honra a quienes marcaron su vida.

La emoción de una mujer jubilada que conserva las enseñanzas de su infancia.

La mirada de una participante colombiana que descubre nuevas formas de recordar a los ausentes.

Y el esfuerzo de un grupo que comprende que las tradiciones no sobreviven por casualidad.

Sobreviven porque alguien las practica.

Porque alguien las enseña.

Porque alguien decide compartirlas.

Quizá ésa sea la enseñanza más profunda de esta exposición.

Que la muerte forma parte de nuestra historia, pero no tiene por qué borrar nuestros afectos.

Que la belleza no necesita responder a un modelo impuesto.

Y que la memoria puede encontrar refugio incluso en los materiales más sencillos.

En Tlatelolco, el papel y el engrudo volverán a convertirse en catrinas.

Las flores de cempasúchil anunciarán la cercanía de noviembre.

Las ofrendas recuperarán fotografías, alimentos y nombres familiares.

Y mientras las manos de los artesanos continúen creando, habrá historias que seguirán presentes.

Porque recordar también es una forma de amar.

Y preservar nuestras tradiciones es una manera de mantener viva la identidad de nuestros pueblos.

INVITACIÓN A LA COMUNIDAD

Exhibición de Cartonería por el Día de Muertos

Taller de Cartonería del Pórtico Tlatelolco

Fecha: Viernes 23 de octubre de 2026.

 Lugar: Jardín Santiago, Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco, Ciudad de México.


Acceso: Abierto al público.


Horario: Por confirmar.

Entre los atractivos de la exposición:

  • Catrina monumental de cuatro metros de altura.
  • Catrinas artesanales con mensajes de crítica social.
  • Calaveras y figuras tradicionales de cartonería.
  • Ofrenda de Día de Muertos.
  • Expresiones de arte popular y memoria comunitaria.

REPORTAJE EN VIDEO | INFORMACIÓN HUMANA

Roberto Ramírez

Grupo del Taller de Cartonería Pórtico Tlatelolco.

Conoce las voces, las historias y las creaciones de los protagonistas de esta exposición en el reportaje audiovisual de INFORMACIÓN HUMANA.

Video: https://youtu.be/gxur0yNWzRQ?si=L4SjOzi4i0XU2aVK

CON TLATELOLCO TV | PERIODISMO COMUNITARIO, VOCES DE LA UNIDAD

¿Qué significado tiene para ti el Día de Muertos?

¿Qué recuerdos familiares conservas a través de las ofrendas?

¿Consideras que los ideales de belleza actuales ejercen demasiada presión sobre las personas?

Te invitamos a compartir tus experiencias y reflexiones.

Porque las historias de nuestros vecinos también forman parte de la memoria de Tlatelolco.

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