Cuando la muerte se viste de fiesta
21 octubre, 2026Entre flores, recuerdos y sueños: las Catrinas se preparan para conquistar el Centro Histórico
Entre vestidos bordados a mano, mariposas monarca, flores de cempasúchil y rostros convertidos en obras de arte, diseñadores, artesanos y jóvenes participantes se preparan para celebrar el Día de Muertos.
Durante una entrevista con “Con Tlatelolco TV”, Verónica Velasco y las Catrinas compartieron las historias que dan vida a sus vestuarios, el orgullo de sus raíces y el deseo de mantener vivas las tradiciones mexicanas.
El desfile del domingo 1 de noviembre será uno de los momentos más esperados del Festival de Día de Muertos 2026: “Entre Xolos y Catrinas”
Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, miércoles 21 de octubre de 2026.- Hay días en los que la muerte deja de ser silencio para convertirse en música, flores, recuerdos y sonrisas.
Días en los que las calles se llenan de rostros pintados, vestidos monumentales y personajes que parecen haber escapado de una antigua leyenda mexicana.
En México, la muerte también tiene colores.
Se viste de cempasúchil, lleva sombreros elegantes, camina con pasos ceremoniosos y, algunas veces, sonríe detrás de un maquillaje que transforma el rostro humano en una expresión artística.
Es la Catrina.
Ese personaje que nos recuerda que la vida es pasajera, pero que los recuerdos, las tradiciones y el amor por quienes se han marchado pueden permanecer entre nosotros.
El martes 20 de octubre, en el Hotel Domingo Santo Boutique, ubicado en República de Cuba 96, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, la celebración comenzó a tomar forma.
Durante la conferencia de prensa del Festival de Día de Muertos 2026, denominado “Entre Xolos y Catrinas”, las telas, los bordados, las flores y los colores anunciaron que una de las tradiciones más entrañables del país estaba por regresar a las calles.
Allí, entre vestidos elaborados durante meses, jóvenes orgullosas de sus raíces y personajes que representan distintas regiones del país, Con Tlatelolco TV conversó con Verónica Velasco y algunas de las participantes que darán vida a esta celebración.
Sus palabras revelaron algo que va más allá de una pasarela: detrás de cada vestido existe una historia, detrás de cada bordado hay manos que trabajan y detrás de cada Catrina permanece una parte de la memoria de México.
Una fiesta para recordar a quienes nunca se han ido
La Autoridad del Centro Histórico, encabezada por su coordinador general, Carlos Cervantes Godoy, presentó el programa del Festival de Día de Muertos 2026: “Entre Xolos y Catrinas”.
Del 26 de octubre al 2 de noviembre, el corazón de la capital será escenario de desfiles, pasarelas, recorridos culturales, talleres, exposiciones, actividades gastronómicas y celebraciones dedicadas a una de las tradiciones más representativas de México.
El Festival reúne dos símbolos profundamente vinculados con la cosmovisión mexicana.
Por un lado, el xoloitzcuintle, perro ancestral asociado en distintas tradiciones mesoamericanas con el acompañamiento de las almas en su tránsito hacia el mundo de los muertos.
Por otro lado, la Catrina, personaje que nació de la crítica social y terminó convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles del Día de Muertos.
Ambos representan distintas maneras de comprender nuestra relación con la muerte.
Una relación que, en México, no se limita a la tristeza.
También se expresa mediante la música, las ofrendas, los alimentos, las flores y la reunión familiar.
Porque recordar a nuestros muertos es, de alguna manera, mantenerlos presentes.
El domingo 1 de noviembre, las Catrinas tomarán las calles
Uno de los acontecimientos más esperados será el Desfile de Catrinas y Catrines, programado para el domingo 1 de noviembre, con salida prevista entre las 18:00 y las 18:30 horas.
El contingente partirá de las instalaciones de la Autoridad del Centro Histórico, recorrerá las calles de Guatemala y Tacuba y concluirá en la Plaza Manuel Tolsá.
En este emblemático espacio, frente al Museo Nacional de Arte y el Palacio de Minería, se realizará una pasarela de Catrinas y Catrines, seguida de la gran clausura del festival.
El cierre está previsto entre las 21:00 y las 22:00 horas.
Será una oportunidad para que familias, visitantes y habitantes del Centro Histórico contemplen el trabajo de diseñadores, artesanos, maquillistas y participantes que han dedicado tiempo y creatividad a preparar sus personajes.
Pero también será una invitación a mirar de cerca la riqueza cultural que existe detrás de cada atuendo.
Verónica Velasco: los vestidos también cuentan historias
Entre las participantes se encontraba Verónica Velasco, representante de Ceremonias Centro Histórico, vinculada con los establecimientos de la calle República de Honduras.
Su entusiasmo resultaba evidente al explicar cómo un vestido tradicional de quince años puede adquirir una nueva vida y convertirse en una pieza para representar a una Catrina.
—La idea es que los vestidos de quince años los transformamos, una parte, en vestidos para Catrinas —explicó durante la entrevista.
Sin embargo, su propuesta no se limita a transformar prendas.
También busca mostrar vestimentas tradicionales de distintas regiones mexicanas.
En esta ocasión, la representación incluyó atuendos de Guerrero, así como elementos inspirados en Michoacán, particularmente las mariposas monarca y las flores de cempasúchil.
Cada pieza tiene su propio proceso creativo.
Algunas requieren meses de trabajo.
Otras pueden realizarse en pocos días, aunque detrás de ellas exista una experiencia artesanal acumulada durante años.
—Hay vestidos que se elaboran hasta en un año —comentó Verónica.
Y señaló uno de los diseños presentes:
—Este vestido de flores naturales se hizo en día y medio.
Otro, pintado a mano e inspirado en una ofrenda tradicional, había requerido casi un año de elaboración.
La diferencia en los tiempos revela la diversidad de técnicas, materiales y procesos que intervienen en la confección.
Hay vestidos que nacen de una idea.
Otros, de una tradición familiar.
Y algunos más, de la intención de representar a una comunidad que conserva sus propias formas de entender la vida, la muerte y la celebración.
“Lo hecho en México está bien hecho”
Cuando se le preguntó qué la inspira a continuar con este trabajo, Verónica Velasco respondió sin vacilar.
—Seguir apoyando a nuestros empresarios. Inspirar a que las niñas luzcan un vestido mexicano, porque lo hecho en México está bien hecho.
En su respuesta apareció una preocupación compartida por quienes mantienen pequeños negocios y talleres en el Centro Histórico.
La necesidad de preservar los oficios, impulsar a los diseñadores y abrir espacios para mostrar su trabajo.
Verónica mencionó la participación de firmas y talleres como Moda Vargas, Al’ Amore, Galería de la Moda, JK Moda y Confección y el diseñador Víctor Mucio.
Todos forman parte de una propuesta en la que la moda se encuentra con las tradiciones populares.
Para esta edición, explicó, el grupo de comerciantes de la calle de Honduras contemplaba presentar entre 15 y 20 vestidos.
Recordó que, durante celebraciones anteriores, la participación llegó a reunir alrededor de un centenar de atuendos.
Su aspiración es todavía mayor.
—Que se sumen más diseñadores para que el próximo año no sean 50 ni 100, sino que sean 200 Catrinas.
La cifra expresa un deseo de crecimiento, pero también una necesidad: que el trabajo artesanal y comercial encuentre oportunidades para permanecer.
Kenia: a los 13 años, el orgullo de representar a Guerrero
Entre las participantes estaba Kenia, una adolescente de 13 años que portaba un vestido de JK Moda y Confección.
Su atuendo, explicó, estaba inspirado en las ofrendas tradicionales de Guerrero.
Cada detalle había sido pintado a mano.
Las figuras y los elementos decorativos buscaban recuperar las características de las celebraciones de su región.
—Yo me llamo Kenia, tengo 13 años. El modelo que estoy portando es de JK Moda y Confección. Es original de Guerrero y está todo pintado a mano —compartió.
En su participación había algo particularmente significativo.
Una nueva generación encontraba en la vestimenta tradicional una manera de acercarse a sus raíces.
Porque las tradiciones no permanecen vivas únicamente por repetirse cada año.
Necesitan personas que las conozcan, las comprendan y decidan compartirlas.
Al preguntarle qué esperaba de estas celebraciones, Kenia respondió con la ilusión de que la cultura mexicana pudiera llegar todavía más lejos.
—Que las tradiciones de México se vayan expandiendo a más regiones, países, que se conozcan en distintas partes del mundo.
Su respuesta resumía el entusiasmo de una generación que desea llevar las expresiones culturales mexicanas más allá de sus comunidades de origen.
Yunett: una voz joven entre mariposas y cempasúchil
A su lado se encontraba Yunett, de 15 años, cantante y participante de esta celebración.
Su vestuario representaba dos elementos profundamente relacionados con la temporada: la flor de cempasúchil y la mariposa monarca.
El diseño surgió de una colaboración entre Galería de la Moda y Al’ Amore Arreglos Florales.
—Me siento muy contenta de hacer una colaboración donde hoy está en representación la flor de cempasúchil y la mariposa monarca —expresó.
La combinación evocaba una de las imágenes más conocidas del otoño mexicano.
Cada año, millones de mariposas monarca llegan a los bosques del centro del país después de recorrer enormes distancias desde América del Norte.
Su llegada coincide con la temporada de Día de Muertos y, en algunas comunidades, se les atribuye un significado simbólico relacionado con el retorno de las almas.
El cempasúchil, por su parte, ocupa un lugar fundamental en las ofrendas.
Su color intenso y su aroma forman parte de los caminos florales que, de acuerdo con la tradición, orientan a los difuntos hacia los hogares donde son recordados.
En el vestido de Yunett, ambos elementos se encontraron como una representación de la naturaleza y la memoria.
La joven cantante hizo una invitación especial a las familias.
—De corazón, participa, acompáñanos. Va a ser un festival increíble donde es muy importante que recuerden nuestras raíces mexicanas.
Y al preguntarle qué esperaba que las personas se llevaran después del desfile, su respuesta fue especialmente emotiva.
—Que todas las personas nunca pierdan estos días tan importantes en México, que se vayan a casa con muchísimas cosas que contar en familia.
En esas palabras se encuentra una de las mayores riquezas del Día de Muertos.
La posibilidad de regresar a casa con una historia.
Y de compartirla con quienes amamos.
Betty: las manos de Zitlala que bordan la memoria
Uno de los atuendos que más claramente mostraba el vínculo entre la indumentaria y las comunidades de origen era el que portaba Betty, de 32 años.
Se presentó como embajadora cultural de Catrina y de fiestas mexicanas.
Su vestimenta provenía de Zitlala, Guerrero.
No se trataba únicamente de un vestido vistoso.
Era una pieza elaborada mediante técnicas tradicionales de bordado.
—Este atuendo es de Zitlala, Guerrero, es totalmente bordado a mano por habitantes de la comunidad —explicó.
El tocado y la corona estaban realizados con hojas de maíz.
Materiales sencillos, vinculados con la vida cotidiana de las comunidades rurales, adquirían una nueva dimensión dentro de la celebración.
En México, el maíz no es solamente un alimento.
Es también parte de nuestra historia, de nuestra identidad y de numerosas expresiones ceremoniales.
Su presencia en un tocado de Catrina establece un vínculo entre la tierra, la cosecha y la memoria.
Betty también habló del trabajo que existe detrás del maquillaje.
Su caracterización fue realizada por Erandi Méndez, maquillista del pueblo de San Juan de Aragón.
El proceso, explicó, requiere aproximadamente entre tres y cuatro horas.
Tiempo durante el cual el rostro se transforma en una composición de líneas, sombras, colores y detalles.
Pero para Betty lo verdaderamente importante no es solamente la apariencia final.
Es el significado de participar.
—Me encanta el Día de Muertos, me encantan estas festividades y me encanta, sobre todo, México y todos sus colores.
Sus palabras reflejaron el orgullo de quienes encuentran en estas celebraciones una forma de expresar su identidad.
La otra cara de la fiesta: comerciantes que luchan por permanecer
En medio de los vestidos, las sonrisas y las invitaciones al festival, surgió también una preocupación social.
Los comerciantes del Centro Histórico enfrentan dificultades que, de acuerdo con las entrevistadas, afectan su actividad económica y su permanencia en la zona.
Betty hizo un llamado a respaldar a los establecimientos tradicionales.
—Hay que apoyar a los locatarios de aquí de la colonia Centro porque están pasando por muchas cuestiones, están siendo desplazados y no podemos permitirlo.
Su declaración constituye un señalamiento sobre la situación que viven algunos comerciantes, un asunto que requiere escuchar también a las autoridades y a otros sectores involucrados.
Verónica Velasco coincidió en la necesidad de contar con mayores oportunidades.
—Seguimos vivos a pesar de la situación, que no hay ventas. Seguimos vivos y queremos que sigan participando.
La frase quedó suspendida entre la alegría de la celebración y las dificultades de la vida cotidiana.
“Seguimos vivos”.
Tres palabras que, en el contexto del Día de Muertos, adquieren un significado especial.
Porque detrás de cada vestido hay también un taller.
Detrás de cada taller, familias.
Y detrás de muchas de esas familias, historias de esfuerzo, aprendizaje y trabajo que se transmiten de una generación a otra.
Para los comerciantes y diseñadores participantes, el Festival representa no solamente una celebración cultural, sino también una oportunidad de mostrar sus creaciones y acercarse a nuevos públicos.
El Señor del Cempasúchil llega desde Xochimilco
Entre los personajes presentes destacó Gorey Vázquez, quien representó una creación del diseñador Víctor Mucio, de Xochimilco.
Su personaje lleva por nombre El Señor del Cempasúchil.
Una figura que retoma la flor emblemática de la temporada y la transforma en una expresión artística.
—Es un honor participar en estas tradiciones de Día de Muertos —comentó.
Gorey explicó que también estaría presente en la Mega Procesión de Catrinas, del domingo 25 de octubre y en las actividades organizadas por la Autoridad del Centro Histórico, el 1 de noviembre.
Su participación representa un puente entre Xochimilco y el Centro Histórico.
Dos espacios de la Ciudad de México profundamente relacionados con la memoria, las tradiciones comunitarias y las celebraciones populares.
Xochimilco, con su historia lacustre, sus chinampas y sus productores de flores, mantiene una relación especial con el cultivo del cempasúchil.
Durante esta temporada, sus flores forman parte de altares, mercados y celebraciones en distintos puntos de la capital.
Por ello, la presencia del Señor del Cempasúchil no es únicamente decorativa.
También evoca el trabajo de quienes cultivan las flores que acompañan nuestras ofrendas.
De la Calavera Garbancera a la Catrina mexicana
La historia de la Catrina se remonta a los primeros años del siglo XX.
Su antecedente más reconocido es la Calavera Garbancera, creada por el grabador mexicano José Guadalupe Posada.
A través de sus calaveras, Posada desarrolló una crítica social cargada de ironía.
La figura de la Garbancera aludía a quienes pretendían aparentar una posición social distinta y rechazaban sus raíces populares.
Años después, Diego Rivera recuperó aquel personaje en su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, realizado en 1947.
Rivera la representó con una elegante vestimenta y un sombrero adornado, contribuyendo a consolidar la imagen que hoy conocemos como la Catrina.
Con el paso del tiempo, aquella figura satírica se transformó en un símbolo cultural.
Actualmente aparece en desfiles, exposiciones, festivales y celebraciones dentro y fuera de México.
Sin embargo, su significado sigue conservando una idea esencial.
Ante la muerte, las diferencias sociales pierden importancia.
La riqueza, la fama y los títulos no cambian el destino compartido de los seres humanos.
Quizá por eso la Catrina continúa provocando sonrisas.
Porque nos recuerda, con elegancia y humor, que todos formamos parte de una misma historia.
Una tradición donde los vivos conversan con sus muertos
El Día de Muertos es resultado de un largo proceso histórico y cultural en el que confluyen distintas prácticas indígenas y tradiciones católicas.
Su celebración contemporánea reúne elementos que se han transformado a través de los siglos.
Las ofrendas familiares, las veladoras, los alimentos, las fotografías, el copal y las flores expresan formas de recordar y honrar a quienes han fallecido.
En 2008, la UNESCO inscribió las fiestas indígenas dedicadas a los muertos en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, después de su proclamación original en 2003.
Este reconocimiento internacional destacó el valor cultural de las prácticas comunitarias asociadas con la celebración.
Pero más allá de cualquier reconocimiento institucional, su verdadera permanencia se encuentra en los hogares.
En las familias que colocan una fotografía sobre la mesa.
En quienes preparan el platillo favorito de una persona ausente.
En los abuelos que cuentan historias.
En los niños que preguntan por el significado de las flores.
Y en quienes, año tras año, encuentran una manera de recordar con cariño a sus seres queridos.
La belleza de una tradición que pertenece a todos
Durante la entrevista, Verónica Velasco insistió en que la participación debe mantenerse abierta a quienes desean sumarse.
Cuando se le preguntó qué se necesitaba para formar parte de estas actividades, respondió con una sonrisa y una palabra:
—¡Pues ganas! Nada más.
Su respuesta fue acompañada por una invitación a las familias interesadas en acercarse a la Autoridad del Centro Histórico para conocer las posibilidades de participación.
La entrevistada también expresó su deseo de que las instituciones continúen ofreciendo espacios para presentar los diseños.
Porque las pasarelas no solamente muestran vestidos.
Permiten reconocer a quienes los elaboran.
A los artesanos que bordan.
A las personas que pintan las telas.
A los floristas que construyen tocados.
A los maquillistas que dedican horas a cada caracterización.
Y a las jóvenes que descubren en estas expresiones una forma de representar su cultura.
El Festival será, en ese sentido, un escaparate para la creatividad mexicana.
Una invitación a caminar entre flores y recuerdos
Cuando la entrevista llegaba a su final, las participantes compartieron sus últimas invitaciones.
Kenia deseó que las tradiciones mexicanas siguieran conociéndose en otros países.
Yunett habló de la importancia de que las familias conservaran recuerdos de esta celebración.
Betty invitó a respaldar a los comerciantes del Centro Histórico.
Gorey Vázquez reiteró su participación con el Señor del Cempasúchil.
Y Verónica Velasco expresó su esperanza de que cada año más diseñadores encuentren un espacio para mostrar su trabajo.
Todas las voces coincidieron en un mismo sentimiento:
El orgullo de pertenecer a una cultura que ha aprendido a recordar a sus muertos celebrando la vida.
Que nunca se apaguen las flores de nuestra memoria
El domingo 1 de noviembre, cuando las Catrinas y los Catrines recorran las calles de Guatemala y Tacuba rumbo a la Plaza Manuel Tolsá, habrá mucho más que una pasarela.
Habrá historias caminando.
Historias de artesanos que aprendieron a bordar observando las manos de sus mayores.
De diseñadores que encontraron inspiración en los colores de una ofrenda.
De jóvenes que desean representar con orgullo a sus comunidades.
De comerciantes que, aún frente a las dificultades económicas, continúan levantando las cortinas de sus establecimientos.
Y de familias que encuentran en el Día de Muertos una oportunidad para reunirse, recordar y celebrar.
Es importante que estas expresiones culturales cuenten con espacios públicos, respaldo institucional y oportunidades para quienes las hacen posibles.
Pero también es necesario reconocer que la conservación de las tradiciones no depende únicamente de organizar festivales.
Requiere proteger los oficios, valorar el trabajo artesanal y escuchar a las comunidades que mantienen vivas estas manifestaciones.
El patrimonio cultural no está solamente en los museos.
También vive en los talleres, en los mercados, en los pequeños comercios y en las manos de quienes crean.
Por eso, el Festival “Entre Xolos y Catrinas” representa una oportunidad para celebrar, pero también para reflexionar sobre la importancia de preservar nuestra identidad.
Y cuando caiga la noche del 1 de noviembre, cuando los últimos vestidos crucen la Plaza Manuel Tolsá y las flores de cempasúchil iluminen simbólicamente el camino, quizá comprendamos que la belleza de esta celebración no está solamente en sus colores.
Está en su capacidad de reunir generaciones.
De convertir los recuerdos en encuentros.
De transformar la nostalgia en alegría.
Y de recordarnos que, mientras exista alguien dispuesto a contar nuestras historias, las tradiciones seguirán caminando por las calles de México.
Porque una Catrina puede vestir de gala.
Puede llevar flores, bordados y un sombrero monumental.
Puede recorrer avenidas entre música y aplausos.
Pero su mayor belleza está en aquello que representa:
La memoria de un pueblo que nunca deja de celebrar la vida.
Y en el corazón del Centro Histórico, entre Xolos y Catrinas, México volverá a encontrarse con sus raíces.
Con sus colores.
Con sus recuerdos.
Y con esa manera tan nuestra de sonreírle a la muerte, mientras seguimos profundamente enamorados de la vida.
INFORMACIÓN DEL EVENTO
Festival de Día de Muertos 2026: “Entre Xolos y Catrinas”.
Organiza: Autoridad del Centro Histórico de la Ciudad de México.
Festival: Del 26 de octubre al 2 de noviembre de 2026.
Desfile de Catrinas y Catrines: Domingo 1 de noviembre.
Horario de salida: Entre las 18:00 y las 18:30 horas.
Recorrido: Instalaciones de la Autoridad del Centro Histórico, calles de Guatemala y Tacuba, hasta la Plaza Manuel Tolsá.
Actividades de clausura: Pasarela de Catrinas y Catrines y cierre del festival.
Horario estimado de conclusión: Entre las 21:00 y las 22:00 horas.
Entrevistas: Verónica Velasco, Kenia, Yunett, Betty y Gorey Vázquez.
Lugar de la conferencia de prensa: Hotel Domingo Santo Boutique, República de Cuba 96, Centro Histórico, Ciudad de México.
Fecha de la conferencia: Martes 20 de octubre de 2026.
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