Tlatelolco honra el poder ancestral de la mujer: Cristóbal Ochoa
2 noviembre, 2026Una ofrenda monumental que devuelve a la memoria la grandeza de nuestras raíces, en la Plaza de las Tres Culturas
Entre esculturas monumentales, símbolos ancestrales y una pirámide que evoca la grandeza de las antiguas civilizaciones, Tlatelolco se convierte en escenario de un encuentro con la memoria.
Una exposición de carácter museográfico rinde homenaje a las raíces prehispánicas de México y recupera el papel de la mujer en el mundo antiguo, particularmente el de las cihuateteos y los nahuales.
Para su creador, Cristóbal Ochoa Saavedra, llevar esta obra a la Plaza de las Tres Culturas significa cumplir un sueño de infancia y compartir con el pueblo una parte de nuestra historia.
Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, lunes 2 de noviembre de 2026.- Hay lugares donde la historia no necesita presentaciones. Basta caminar por ellos, detenerse un instante y mirar alrededor para comprender que el pasado continúa habitando el presente.
La Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, es uno de esos espacios. Aquí, donde conviven las huellas del México prehispánico, la arquitectura colonial y la ciudad moderna, el Día de Muertos adquiere una dimensión especial: la memoria deja de ser solamente recuerdo y se transforma en arte, identidad y celebración.
En esta ocasión, una monumental ofrenda y exposición de inspiración prehispánica sorprende a quienes recorren la plaza.
Esculturas de gran formato, una imponente pirámide, catrinas, calaveras y elementos de la tradición ancestral conforman una instalación que invita a mirar hacia nuestros orígenes.
Pero detrás de sus dimensiones y su riqueza visual existe una historia que merece ser contada: la del poder de la mujer en el México antiguo.
Las cihuateteos: mujeres que alcanzaban la condición de deidades
En entrevista, Con Tlatelolco TV, el productor de arte, escultor y artista plástico Cristóbal Ochoa Saavedra, creador del concepto, explicó que la exposición busca recuperar la memoria de las antiguas civilizaciones y destacar el lugar que ocupaba la mujer dentro de su cosmovisión.
Su propuesta tiene como uno de sus ejes a las cihuateteos, conocidas también como cihuateteotl, figuras de la tradición nahua asociadas con las mujeres que fallecían durante el parto y a quienes se atribuía una condición sagrada.
En el pensamiento mexica, estas mujeres eran reconocidas por la dimensión extraordinaria de su muerte, pues se consideraba que habían librado una batalla al dar vida. Su destino espiritual las vinculaba con el ámbito de lo divino.
Cristóbal Ochoa también hizo referencia a los nahuales, presentes en distintas tradiciones mesoamericanas, como parte de una relación ancestral entre el ser humano, la naturaleza y las fuerzas espirituales.
“Estamos contando la historia y el poder de la mujer en México, de las cihuateteos que se convertían en deidades. Eran las mujeres que perdían la vida en el parto. La mujer también tenía sus nahuales y era muy respetada y venerada de este lado de América”, explicó.
Sus palabras conducen a una reflexión que atraviesa toda la exposición: reconocer que las mujeres también ocuparon un lugar fundamental en la construcción espiritual, social y cultural de las civilizaciones antiguas.
Una obra monumental hecha con historia, creatividad y corazón
La instalación destaca por una gran pirámide de más de cuatro metros de altura, acompañada de esculturas monumentales que superan también los cuatro metros, además de elementos iconográficos relacionados con las tradiciones ancestrales.
Cada pieza busca construir un relato visual. No se trata únicamente de colocar figuras para admirarlas, sino de acercar al visitante a una historia que permanece viva en las raíces culturales de México.
Ochoa Saavedra subrayó que la exposición fue concebida con detalles de carácter museográfico, resultado de un trabajo creativo que involucró investigación, elaboración artística y colaboración colectiva.
En ese proceso participaron historiadores, especialistas, artistas y colaboradores vinculados con espacios académicos y culturales, entre ellos la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), La Esmeralda y el Taller Familiar de Tlatelolco.
El trabajo de curaduría estuvo a cargo de Miguel Ángel Mares Tapia, con la participación de otros colaboradores y especialistas relacionados con la historia y el patrimonio de la zona.
El artista reconoció también el respaldo de la Secretaría de Cultura, de la Ciudad de México, de su titular Ana Francis López Bayghen, de la Jefatura de Gobierno y del empresario Benito Rosiles, a quien agradeció su apoyo para hacer posible el proyecto.
“Fue un gran equipo. Mi familia, la gente de Tlatelolco, artistas, todos colaboraron. Muchas gracias a todos los que hicieron realidad esto”, expresó.
Un sueño de infancia cumplido en la Plaza de las Tres Culturas
Hay algo particularmente emotivo en esta historia.
Para Cristóbal Ochoa, instalar una obra de estas dimensiones en Tlatelolco no representa solamente un proyecto artístico. Significa regresar a un lugar que forma parte de sus recuerdos personales.
Durante la entrevista, al preguntarle qué significaba presentar su trabajo en la Plaza de las Tres Culturas, su respuesta tuvo la sencillez de quien reconoce un sueño cumplido.
“Es como un sueño estar haciendo una pieza aquí en Tlatelolco, de esta magnitud, basada en nuestros ancestros”.
Y recordó un detalle que le da otra dimensión a su participación:
“Imagínate, aquí jugaba de niño. Haber hecho esta obra fue como un sueño, un gran sueño para toda la gente”.
En esa confesión se encuentran dos historias: la del artista que regresa al espacio de su infancia y la de una comunidad que recibe una propuesta cultural inspirada en su propia memoria.
También, reconoció que le habría gustado disponer de más tiempo para desarrollar algunas ideas y ampliar los alcances de la muestra.
“Me faltó más que nada tiempo. La creatividad es demasiada la que tiene toda mi familia y me apoya mucho. Para el próximo año, quizás”, comentó con entusiasmo.
“Esto era lo que éramos y lo que somos todavía resistiendo aquí en Tlatelolco”
Uno de los momentos más significativos de la conversación llegó cuando se le preguntó qué mensaje enviaría a quienes visitan México desde otros países y desean conocer su historia.
Su invitación fue directa: acercarse a nuestras raíces y descubrir la grandeza de las antiguas civilizaciones mexicanas.
“Que vengan a ver nuestras raíces, que vengan a ver realmente al pueblo y a la gran civilización mexicana. Esto era lo que éramos y lo que somos todavía resistiendo aquí en Tlatelolco”.
La frase adquiere un significado particular en esta plaza, cuya historia representa la continuidad de distintas épocas y culturas.
Tlatelolco no es solamente un sitio arqueológico ni un Conjunto Habitacional de la Ciudad de México. Es un territorio de memoria, de identidad y de resistencia cultural. Aquí, las huellas del pasado conviven diariamente con miles de personas que construyen su presente.
Por eso, una exposición dedicada a las raíces prehispánicas encuentra en este espacio un escenario profundamente significativo.
El Día de Muertos: celebrar la vida, honrar a los ancestros
La instalación forma parte de las actividades culturales de Día de Muertos y transforma la Plaza de las Tres Culturas en un punto de encuentro para familias, habitantes de Tlatelolco y visitantes nacionales y extranjeros.
La música, el ambiente festivo y la presencia de quienes se acercan a recorrer las esculturas hacen de la exposición una experiencia que va más allá de la contemplación artística.
Aquí, la celebración de los muertos también se convierte en una oportunidad para reconocer a quienes estuvieron antes que nosotros, comprender sus creencias y recuperar los símbolos que dieron forma a nuestra identidad.
La ofrenda monumental nos recuerda que las tradiciones no permanecen vivas por sí solas: necesitan personas que las investiguen, las recreen, las compartan y las transmitan a nuevas generaciones.
Una invitación a reencontrarnos con nuestras raíces
Durante la entrevista, Cristóbal Ochoa Saavedra extendió una invitación a la ciudadanía y al turismo internacional para visitar la muestra, conocer sus esculturas y acercarse a la historia que inspiró cada una de sus piezas.
De acuerdo con los organizadores, la exposición permanecerá abierta hasta el jueves 5 de noviembre, con posibilidad de ampliar su duración dependiendo de la respuesta del público.
La invitación es también una oportunidad para mirar Tlatelolco desde otra perspectiva: como un espacio donde el arte comunitario, la historia y la cultura pueden encontrarse para construir experiencias colectivas.
La memoria también tiene rostro de mujer
Durante mucho tiempo, la historia de las antiguas civilizaciones se ha contado a través de sus gobernantes, guerreros, templos y grandes construcciones.
Sin embargo, detrás de esa historia también estuvieron las mujeres: protagonistas de la vida cotidiana, de las creencias, de la transmisión cultural y de las prácticas espirituales.
Esta exposición nos propone detenernos precisamente ahí: en el reconocimiento de la mujer dentro de la cosmovisión prehispánica.
Las cihuateteos representan una de las expresiones más significativas de esa memoria. Mujeres cuya muerte durante el parto era interpretada desde una dimensión sagrada y cuya figura ocupaba un lugar particular en el universo religioso mexica.
Que una obra dedicada a esta historia se levante en la Plaza de las Tres Culturas tiene un valor que trasciende lo artístico.
Tlatelolco vuelve a ser escenario de un encuentro con nuestras raíces. Sus piedras, sus vestigios y su memoria reciben ahora una propuesta que nos invita a reconocer que la identidad mexicana no comenzó ayer y que nuestras culturas originarias siguen presentes en la manera de celebrar, recordar y comprender el mundo.
Porque el Día de Muertos no solamente nos habla de quienes se fueron. También nos recuerda quiénes somos, de dónde venimos y qué historias tenemos la responsabilidad de mantener vivas.
En Tlatelolco, la memoria tiene muchas formas de expresarse. Esta vez, una de ellas tiene rostro de mujer.


