De la Ficción a la Realidad

 De la Ficción a la Realidad

23 agosto, 2026 0 Por Staff Redaccion

¡La guerra de Morena llegó a Tlatelolco!

*** Entre grupos, corrientes y disputas por el poder, Tlatelolco recuerda una verdad fundamental: no es propiedad de Morena ni de ningún partido político.

Con Tlatelolco TV / Nacho Arellano

Ciudad de México, domingo 23 de agosto de 2026.- Hay momentos en la política en que la realidad parece empeñada en copiar a la ficción.

O quizá ocurre al revés: la ficción, esa que tantas veces parece exagerada, termina quedándose corta frente a lo que sucede en la vida pública. Los personajes cambian, los escenarios se modifican y los discursos se renuevan, pero las ambiciones, las disputas por el poder y las contradicciones humanas permanecen.

Este sábado, en Tlatelolco, volvió a aparecer una escena digna de esa frontera donde resulta difícil distinguir la ficción de la realidad.

Un grupo de Morena convocó a un acto. El sitio originalmente previsto era la Plaza de las Tres Culturas. Finalmente, el encuentro tuvo que realizarse en la explanada del Metro Tlatelolco.

Desde el micrófono, Agustín Torres agradeció a quienes hicieron el esfuerzo de convocar a las y los asistentes. Después vino la explicación política:

—”El evento originalmente iba a ser en la Plaza de las Tres Culturas. Pero alguien por ahí hizo una travesura para que no lo pudiéramos realizar”.

Y remató con una frase que, seguramente, buscaba levantar el ánimo de los presentes:

—”Pero aun así no nos van a parar”.

Ahí fue donde la realidad comenzó a parecerse a la ficción.

Porque la pregunta inevitable es: ¿quién quiere parar a quién?

No hablamos aquí de una confrontación entre partidos políticos distintos. No son colores enfrentados desde trincheras opuestas. La disputa parece surgir dentro de la misma familia política.

Morenos contra morenos.

Y en ese escenario aparecen los grupos, las corrientes, los liderazgos y las lealtades que se mueven alrededor de dos figuras fundamentales de la política nacional y capitalina: Claudia Sheinbaum y Clara Brugada.

La casa donde todos son familia… hasta que llega la disputa

Dicen que en política no hay amistades eternas ni enemistades permanentes.

También, podría decirse que, en ocasiones, las diferencias más profundas no nacen entre quienes piensan distinto, sino entre quienes se parecen demasiado.

Morena tiene una bandera común. Un movimiento. Un discurso. Una historia reciente de triunfos electorales.

Pero debajo de esa gran estructura existen grupos.

Y donde existen grupos, existen intereses.

Donde existen intereses, aparecen diferencias.

Y donde aparecen diferencias, inevitablemente comienza la disputa por los espacios.

La Plaza de las Tres Culturas, por cierto, no es un espacio cualquiera. Su sola historia impone respeto. Es memoria de México. Es patrimonio histórico y cultural. Es también un lugar público donde Tlatelolco se reconoce y se encuentra.

Pero Tlatelolco no es de Morena.

Conviene repetirlo porque en ocasiones la política partidista parece olvidar una verdad elemental: ningún partido es dueño de una comunidad.

Tlatelolco no pertenece a Morena.

Tampoco a sus grupos.

Ni a quienes se identifican con Claudia.

Ni a quienes se identifican con Clara.

Tlatelolco pertenece a quienes viven su historia todos los días, a quienes abren la puerta de sus departamentos cada mañana, a quienes enfrentan la falta de servicios, la inseguridad, la basura, los problemas de agua y las múltiples necesidades de una de las comunidades más importantes de la Ciudad de México.

Cuando la disputa baja a la calle

La política nacional suele hablar en grandes palabras.

Transformación.

Unidad.

Movimiento.

Pueblo.

Pero cuando la política baja a la calle, adquiere otros rostros.

Se convierte en una convocatoria.

En un acto.

En una plaza.

En quién consigue el permiso.

En quién convoca más gente.

En quién ocupa primero el espacio.

En quién puede hablar desde el templete.

Y entonces, aquello que desde lejos parece una discusión ideológica puede terminar convertido en una batalla por territorio político.

Eso es lo que hace interesante —y preocupante— la escena de este sábado.

Si un grupo de Morena considera que hubo una “travesura” para impedir o modificar su acto, entonces no estamos ante una simple anécdota. Estamos ante una señal de que las diferencias internas existen y, eventualmente, llegan a los espacios públicos.

La ficción nos enseñó durante décadas que el poder puede reunir en una misma habitación a aliados que sonríen mientras calculan el siguiente movimiento.

La realidad política mexicana, de vez en cuando, nos recuerda que no hace falta inventar demasiado.

Claudia y Clara: el mismo movimiento, distintas corrientes

Nadie debería simplificar una realidad política compleja.

No toda diferencia dentro de Morena significa necesariamente una ruptura. No todo grupo cercano a una figura representa oficialmente la postura de esa figura. Y no toda confrontación local debe atribuirse, sin pruebas, directamente a las máximas dirigentes del movimiento.

Pero sería igualmente ingenuo negar que alrededor de los grandes liderazgos se forman grupos, afinidades y proyectos políticos.

Ahí están las corrientes.

Los equipos.

Las estructuras.

Las lealtades.

Los intereses.

Y, por supuesto, las diferencias.

En la Ciudad de México, los nombres de Claudia Sheinbaum y Clara Brugada tienen un peso político indiscutible. Alrededor de sus trayectorias y proyectos existen distintas expresiones políticas.

La pregunta no es si pueden existir diferencias.

La verdadera pregunta es cómo se procesan esas diferencias.

Porque cuando la confrontación entre grupos termina por ocupar el centro del escenario, existe el riesgo de que los problemas reales de la ciudadanía queden en segundo plano.

Tlatelolco observa

Mientras los grupos políticos se cuentan, se reúnen y miden fuerzas, Tlatelolco tiene otros asuntos sobre la mesa.

La comunidad no puede esperar a que las corrientes internas de un partido se pongan de acuerdo.

Los problemas no se suspenden.

La basura no espera.

La inseguridad no pide permiso.

Las necesidades de mantenimiento continúan.

Los servicios públicos siguen siendo una exigencia cotidiana.

Esa es la realidad.

Y esa realidad debería estar por encima de cualquier disputa entre grupos.

Porque el ciudadano que no tiene agua no pregunta primero qué corriente partidista resolverá el problema.

Quien exige seguridad no necesita saber quién ganó una batalla interna.

Quien observa el deterioro de un espacio público quiere soluciones, no nuevas confrontaciones.

Por eso, los grupos políticos tienen derecho a organizarse, a reunirse y a expresar sus posiciones. La pluralidad interna es parte de la vida democrática.

Pero una cosa es la disputa partidista y otra muy distinta apropiarse políticamente de una comunidad.

De la Ficción a la Realidad 

La escena quedó ahí.

Un acto que cambió de lugar.

Una explicación sobre una supuesta “travesura”.

Un dirigente que agradeció a quienes convocaron.

Una frase lanzada al aire:

“No nos van a parar”.

Y muchas preguntas.

Porque cuando los integrantes de una misma fuerza política comienzan a disputarse los espacios, la realidad adquiere esos matices que antes parecían exclusivos de una serie de ficción.

Todos pertenecen a la misma historia.

Pero cada quien quiere escribir su propio capítulo.

Todos hablan de unidad.

Pero las diferencias están ahí.

Todos pertenecen, en teoría, a la misma casa.

Pero hasta en las mejores familias hay discusiones.

Y en política, esas discusiones rara vez son inocentes.

Por eso, este sábado en Tlatelolco dejó una imagen que vale la pena mirar con atención.

No fue Tlatelolco contra Morena.

Mucho menos debe interpretarse como que Tlatelolco es de Morena.

Fue, en todo caso, la expresión de una disputa entre grupos políticos que comparten las mismas siglas, pero no necesariamente las mismas posiciones.

Morenos contra morenos.

La ficción puede esperar al siguiente capítulo.

La realidad, en cambio, ya está al aire.

Y Tlatelolco, que no pertenece a ningún partido, sigue siendo el escenario donde la ciudadanía observa, recuerda y, tarde o temprano, también juzga.