La inquietud que recorre los andadores de Tlatelolco 

La inquietud que recorre los andadores de Tlatelolco 

18 junio, 2026 0 Por Staff Redaccion

*** Vecinos de las tres secciones de la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco denuncian el incremento de campamentos improvisados, acumulación de basura, fogatas, presuntos robos, agresiones verbales y conductas de riesgo en áreas comunes. Habitantes aseguran que los operativos de atención y retiro de personas en situación de calle disminuyeron en los últimos dos meses, mientras aumenta la sensación de inseguridad en jardines, andadores, escuelas, estacionamientos y espacios recreativos

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV

Ciudad de México, jueves 18 de junio de 2026.- Al caer la noche, cuando los jardines de Tlatelolco deberían ser espacios de tranquilidad para las familias, una sensación distinta comienza a recorrer los andadores. No es solamente el temor al delito. Es también la percepción de abandono que expresan decenas de residentes ante el crecimiento de campamentos de personas en situación de calle en distintos puntos de la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco.

Los reportes vecinales se multiplican. Detrás de la Clínica 27 del IMSS, junto al ex Cine Tlatelolco, en el Jardín “La Pera”, cerca del CAM 33, alrededor del Deportivo “5 de Mayo”, en estacionamientos y áreas verdes, las denuncias se repiten con una constante preocupante: personas que pernoctan en espacios públicos, acumulación de basura, consumo de sustancias, amenazas, agresiones verbales y presuntos actos delictivos.

Lo que antes aparecía de manera aislada, aseguran los habitantes, hoy parece haberse convertido en una problemática cotidiana que afecta la convivencia y deteriora la imagen de una de las unidades habitacionales más importantes del país.

El reclamo: ¿qué pasó con los recorridos?

Uno de los señalamientos más recurrentes es la disminución de los recorridos institucionales que anteriormente realizaban brigadas especializadas para atender a personas en situación de calle.

Vecinos afirman que durante varios meses los dispositivos de atención permitieron reducir considerablemente la presencia de campamentos. Sin embargo, aseguran que desde hace aproximadamente dos meses dichos recorridos dejaron de realizarse con la misma frecuencia.

La consecuencia, dicen, es visible en numerosos espacios públicos.

Colchones abandonados, sillones, montones de basura y asentamientos improvisados reaparecen en zonas donde anteriormente habían sido retirados.

La molestia crece porque muchos residentes consideran que las autoridades únicamente invitan a retirarse a estas personas, pero no existe un seguimiento permanente que impida su regreso.

El Ágora y los espacios públicos bajo presión

Entre los puntos que más preocupación generan se encuentra el Espacio Cultural y Artístico Ágora, considerado uno de los sitios emblemáticos de encuentro comunitario en Tlatelolco.

Vecinos denuncian que en sus alrededores se ha incrementado de manera constante la presencia de personas en situación de calle, situación que ha provocado inconformidad por la acumulación de basura, el deterioro del entorno y la percepción de inseguridad.

Lo que durante décadas fue concebido como un espacio para la cultura, la convivencia y la expresión artística enfrenta hoy un escenario distinto, marcado por la ausencia de atención institucional y la creciente ocupación irregular de áreas públicas.

Entre la vulnerabilidad y el conflicto social

La problemática posee una dimensión humana compleja.

Las personas en situación de calle forman parte de una población vulnerable que enfrenta múltiples carencias sociales, económicas y de salud. Sin embargo, los vecinos distinguen entre la condición de vulnerabilidad y aquellas conductas que consideran una amenaza para la comunidad.

Los testimonios recopilados describen casos de individuos que presuntamente intimidan a peatones, insultan a mujeres, consumen sustancias en espacios públicos, realizan actos indebidos frente a familias o generan conflictos en zonas habitacionales.

Esta situación ha provocado que algunos residentes expresen enojo, desesperación e incluso propuestas de organización vecinal para recuperar espacios que consideran perdidos.

Las conversaciones reflejan un ambiente de tensión creciente donde el miedo convive con la frustración.

El fantasma del incendio

Uno de los episodios que más preocupación generó ocurrió cerca del ex Cine Tlatelolco.

Habitantes del edificio “Mariano Escobedo” relataron que durante una noche observaron una fogata cuyas llamas alcanzaban una altura considerable.

El olor a humo despertó a varios vecinos.

La cercanía del fuego con áreas arboladas, vehículos y estacionamientos encendió las alarmas de quienes recuerdan que una chispa puede convertirse en una tragedia de grandes dimensiones.

Para muchos residentes, este incidente representa una advertencia de los riesgos que implica la ocupación irregular de espacios públicos sin supervisión ni atención institucional.

Robos, amenazas y sensación de inseguridad

Diversos reportes vecinales relacionan la presencia de algunos campamentos con intentos de robo y daños al patrimonio.

Entre los casos mencionados aparecen intentos de robo de espejos de automóviles, manipulación de registros y cableado, amenazas con armas blancas, agresiones verbales y conductas que alteran la tranquilidad de quienes transitan por la Unidad.

Especial preocupación existe en zonas cercanas a escuelas, centros de atención para menores con discapacidad y jardines donde diariamente conviven niñas, niños y adultos mayores.

La percepción vecinal es que la inseguridad ha aumentado y que la respuesta institucional resulta insuficiente frente a la frecuencia de los reportes.

Los vecinos organizados, pero rebasados

Ante la sensación de abandono, algunos habitantes han impulsado rondines ciudadanos.

Sin embargo, incluso quienes participan reconocen las limitaciones.

Las convocatorias suelen reunir a pocas personas, muchas de ellas adultos mayores y mujeres que, pese al temor, deciden involucrarse para recuperar los espacios comunes.

Otros residentes admiten haber sido amenazados con cuchillos o identificados por individuos conflictivos, situación que incrementa el riesgo de cualquier acción ciudadana sin acompañamiento oficial.

Las voces coinciden en una preocupación: la comunidad no quiere llegar al extremo de una confrontación, pero tampoco desea permanecer inmóvil ante una problemática que consideran cada vez más grave.

La atención institucional se aleja de Tlatelolco

A la preocupación vecinal se suma otro reclamo que comienza a repetirse con insistencia: la percepción de que la problemática de las personas en situación de calle ha dejado de ser una prioridad para las autoridades responsables.

Vecinos señalan que actualmente la atención institucional parece concentrarse principalmente en la Coordinación Territorial Santa María la Ribera, mientras que en Tlatelolco los operativos y recorridos especializados prácticamente han desaparecido.

Las críticas también alcanzan tanto al Gobierno de la Ciudad de México como a la Alcaldía Cuauhtémoc.

De acuerdo con numerosos testimonios vecinales, desde hace aproximadamente dos meses no se observa una estrategia permanente para atender la problemática de las personas en situación de calle en la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco.

La ausencia de seguimiento, vigilancia preventiva y atención especializada ha permitido, según los habitantes, el regreso de campamentos y la ocupación de espacios públicos que anteriormente habían sido recuperados.

Una denuncia que exige respuestas

La historia de Tlatelolco está profundamente ligada a la organización ciudadana y a la defensa de sus espacios comunes.

Por ello, el reclamo actual va más allá de una simple queja vecinal.

Los habitantes demandan una estrategia integral que combine atención social para las personas en situación de calle, limpieza permanente de áreas públicas, vigilancia preventiva y respuesta inmediata ante conductas que constituyan faltas administrativas o posibles delitos.

La exigencia no es únicamente retirar campamentos.

Es recuperar la tranquilidad.

Porque detrás de cada reporte, de cada fotografía enviada y de cada mensaje de auxilio existe una preocupación compartida: que la inseguridad siga avanzando mientras las autoridades permanecen ausentes.

Y porque, como advierten numerosos vecinos, nadie quiere que una tragedia, un incendio, una agresión grave o la pérdida de una vida humana sea el acontecimiento que obligue finalmente a actuar.