El cuidado tiene rostro tlatelolca
2 julio, 2026La promulgación de la Ley del Sistema de Cuidados de la Ciudad de México abre una nueva esperanza para Tlatelolco. En una comunidad donde casi una de cada cuatro personas es adulta mayor, el cuidado ha sido durante décadas una tarea silenciosa asumida principalmente por las familias y, en especial, por las mujeres. Hoy, ese esfuerzo comienza a ser reconocido como un derecho humano y una responsabilidad compartida entre el Estado, la sociedad y la comunidad

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, jueves 2 de julio de 2026.- Antes de que amanezca, en cientos de departamentos de Tlatelolco la jornada ya comenzó.
Una hija administra los medicamentos de su madre. Un nieto acompaña a su abuelo a una consulta médica. Una vecina lleva alimentos a quien ya no puede salir de casa. Un cuidador permanece despierto durante la noche acompañando a un familiar enfermo.
Son escenas que casi nunca aparecen en los informes oficiales.
No producen ganancias económicas visibles.
Pero sostienen la vida cotidiana.
Durante décadas ese trabajo permaneció oculto detrás de las puertas de miles de hogares. Hoy la Ciudad de México comienza a llamarlo por su nombre: cuidar también es un derecho.
La solidaridad que construyó a Tlatelolco
Hablar del Sistema de Cuidados también es hablar de la memoria de Tlatelolco.
La solidaridad forma parte de la identidad de esta comunidad.
En 1968, cuando la represión cayó sobre el movimiento estudiantil, numerosos vecinos abrieron las puertas de sus hogares para proteger, alimentar y auxiliar a jóvenes perseguidos.
En los sismos de 1985 y 2017, la historia volvió a repetirse. Las primeras manos que retiraron escombros, organizaron centros de acopio, prepararon alimentos y acompañaron a las familias afectadas fueron las de los propios vecinos.
Durante la pandemia de la Gripe A H1- N1 2009-2010 y SARS- CoV 2 2020 COVID-19, la comunidad volvió a demostrar que la solidaridad no era un recuerdo, sino una forma de vivir. Se organizaron redes para llevar medicamentos, alimentos y oxígeno a personas adultas mayores; se realizaron compras para quienes no podían salir de casa y nunca faltó una llamada para romper el aislamiento de quienes enfrentaban la enfermedad o la soledad.
Nunca fue una obligación escrita.
Ha sido, desde siempre, una manera de entender la vida comunitaria.

Una deuda histórica comienza a saldarse
Con la promulgación de la Ley del Sistema de Cuidados, la Ciudad de México reconoce que cuidar no puede seguir siendo una carga invisible depositada únicamente sobre las familias.
La nueva legislación establece el derecho a cuidar, a recibir cuidados y al autocuidado, además de crear un Sistema Público de Cuidados que deberá articular servicios, infraestructura y programas para atender a quienes más lo necesitan.
Las cifras muestran la magnitud del desafío.
Más de tres millones de personas realizan trabajo de cuidados no remunerado en la Ciudad de México. Las mujeres dedican, en promedio, 34 horas semanales a estas labores; los hombres, 16 horas.
En México, el trabajo doméstico y de cuidados representa alrededor del 24.3 por ciento del Producto Interno Bruto, con un valor económico superior a 7.2 billones de pesos, una contribución mayor que la de diversos sectores productivos.
Tlatelolco y Cuauhtémoc: una realidad que exige cuidados
Tlatelolco cuenta con 25 mil 14 habitantes, de los cuales 5 mil 740 son personas adultas mayores, es decir, 22.9 por ciento de su población. Además, existen 9 mil 944 viviendas habitadas, donde miles de familias enfrentan diariamente enfermedades crónicas, discapacidad, envejecimiento y situaciones de dependencia.
Esta realidad se refleja también en la Alcaldía Cuauhtémoc.
En la demarcación viven 284 mil 933 mujeres, muchas de ellas responsables de dobles y hasta triples jornadas de trabajo al combinar el empleo remunerado con las labores de cuidado.
La primera convocatoria del programa Tarjeta Violeta recibió más de 2 mil 700 solicitudes de mujeres cuidadoras, aunque únicamente mil pudieron ser incorporadas en una primera etapa.
Los registros muestran que 2 mil 119 mujeres cuidan a niñas y niños; 479 atienden a personas adultas mayores; 629 acompañan a personas adultas con discapacidad; 231 cuidan a niñas y niños con discapacidad y 221 mujeres adultas mayores continúan dedicando su vida al cuidado de otras personas.
Estas cifras reflejan que el cuidado no constituye un problema individual, sino uno de los mayores desafíos sociales de nuestra época.

Nadie debe quedar fuera
La nueva Ley del Sistema de Cuidados recuerda que todas las personas tienen derecho a vivir con dignidad.
No solamente las personas adultas mayores.
También, niñas y niños, personas con discapacidad, personas con enfermedades crónicas, personas cuidadoras y quienes viven en condiciones de vulnerabilidad social.
En Tlatelolco, esa reflexión conduce inevitablemente a mirar otra realidad que durante años ha preocupado a la comunidad: las personas en situación de calle.
Muchos de ellos son adultos mayores o personas que enfrentan enfermedades, discapacidad, problemas de salud mental, abandono familiar o exclusión social.
La nueva legislación ofrece la oportunidad de fortalecer políticas públicas que articulen atención médica, acompañamiento social, rehabilitación, vivienda temporal y cuidados para quienes durante años han permanecido invisibles.
Porque cuidar también significa no abandonar a nadie.
Que la solidaridad se convierta en política pública
Tlatelolco nunca ha esperado instrucciones para ser solidario.
Lo demostró en 1968.
Lo confirmó en los sismos de 1985 y 2017.
Lo volvió a hacer durante la pandemia.
Hoy, esa historia de ayuda mutua encuentra una oportunidad para transformarse en una política pública permanente.
El verdadero reto comienza ahora.
Que la Ley del Sistema de Cuidados llegue hasta cada edificio, cada departamento y cada familia.
Que existan presupuesto suficiente, infraestructura, centros comunitarios, servicios especializados y programas capaces de acompañar a quienes dedican su vida a cuidar.
Porque una sociedad no se mide únicamente por el tamaño de sus edificios o por el crecimiento de su economía.
Se mide por la manera en que protege a quienes más la necesitan.
Y si existe un lugar donde esa lección ha sido aprendida una y otra vez, ese lugar es Tlatelolco.
Aquí, cuidar nunca ha sido un acto de caridad.
Ha sido, desde siempre, la forma más profunda de construir comunidad, preservar la dignidad humana y mantener viva la esperanza.

