El día en que el cuidado dejó de ser invisible
2 julio, 2026*** Un avance histórico que coloca la vida en el centro de la Ciudad de México

La Ciudad de México inauguró una nueva etapa en su política social con la promulgación de la Ley del Sistema Público de Cuidados. La jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, definió este momento como el inicio de “la revolución de los cuidados”, una transformación orientada a saldar una deuda histórica con millones de mujeres que, durante generaciones, han sostenido la vida desde el anonimato. La legislación reconoce por primera vez el derecho a cuidar, a ser cuidado y al autocuidado como derechos humanos, y compromete al Estado a construir un sistema público que redistribuya una responsabilidad que durante siglos recayó casi exclusivamente en los hogares y, particularmente, en las mujeres
Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, jueves 2 de julio de 2026.
Hay acontecimientos que no generan estridencia, pero sí modifican el rumbo de una sociedad.
No hubo marchas multitudinarias ni campanas que anunciaran una nueva etapa. Bastó una firma y la fuerza de una idea largamente esperada para que la Ciudad de México escribiera una página destinada a permanecer en su memoria democrática.
Ante legisladores, integrantes del gabinete, representantes de organismos internacionales, académicos, organizaciones civiles y personas cuidadoras, Clara Brugada promulgó la Ley del Sistema Público de Cuidados.
No presentó únicamente un nuevo ordenamiento jurídico.
Nombró una deuda que durante siglos permaneció oculta entre las paredes de millones de hogares.

La deuda que sostuvo al mundo
La Mandataria recordó que la humanidad ha sido capaz de conquistar el espacio, desarrollar inteligencia artificial, descifrar el genoma humano y transformar las comunicaciones.
Sin embargo, mientras el progreso avanzaba hacia las estrellas, millones de mujeres continuaban sosteniendo silenciosamente la vida cotidiana.
Cuidaban a niñas y niños.
Atendían a personas enfermas.
Acompañaban a personas mayores.
Respaldaban a quienes viven con discapacidad.
Lo hacían sin horarios, sin remuneración suficiente y, en muchos casos, sin reconocimiento.
“La revolución pendiente de la humanidad no es tecnológica ni económica; es la revolución feminista de los cuidados”, afirmó.
Sus palabras encontraron eco en una realidad contundente: en la Ciudad de México, ocho de cada diez personas que dedican más de cuarenta horas semanales al cuidado son mujeres. A nivel nacional, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representa alrededor del 25 por ciento del Producto Interno Bruto, una riqueza indispensable que históricamente permaneció fuera de las cuentas oficiales.
Cuidar será un derecho, no un privilegio
La nueva legislación reconoce tres dimensiones inseparables de un mismo derecho humano: cuidar, recibir cuidados y ejercer el autocuidado.
El cambio puede parecer sencillo en el papel.
En realidad, transforma una concepción cultural profundamente arraigada.
El cuidado deja de ser considerado una obligación privada para convertirse en una responsabilidad compartida entre el Estado, las familias, las comunidades, el mercado y los hombres.
“Nadie se salva solo”, expresó Clara Brugada.
Con esa frase resumió el espíritu de una ley que coloca el cuidado de la vida como el principio civilizatorio más importante de cualquier sociedad.

Del reconocimiento a la acción
La promulgación no se limitó al terreno de los principios.
La ley obliga a construir infraestructura pública suficiente para hacer efectivo este nuevo derecho.
Durante la presente administración se contempla la creación de cien nuevas UTOPÍAS, doscientas Casas de las Tres R, trescientos Centros de Cuidado Infantil, doscientas Casas de Día para personas mayores y doscientos espacios para personas con discapacidad.
Más de cien mil personas podrán ser atendidas cada año mediante esta red pública, diseñada para reducir desigualdades y liberar tiempo para millones de familias.
Una nueva infancia para la ciudad
Uno de los avances más relevantes consiste en establecer el Sistema de Educación Inicial para las Infancias.
Por primera vez, el Gobierno de la Ciudad asume la obligación de garantizar espacios públicos donde niñas y niños reciban atención, afecto y educación desde sus primeros años de vida.
No se trata únicamente de abrir centros infantiles.
Se trata de ampliar libertades.
Libertad para que ninguna mujer tenga que abandonar sus estudios, su empleo o sus proyectos personales porque el cuidado recaiga exclusivamente sobre ella.
La economía también se sostiene con cuidados
La ley ordena calcular oficialmente el valor económico del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.
Se trata de una decisión con profundo significado político.
Durante generaciones, la economía contabilizó fábricas, edificios, inversiones y mercancías, pero ignoró el tiempo invertido en alimentar, proteger, educar y acompañar a millones de personas.
Hoy esa labor deja de ser invisible.
El cuidado comienza a ocupar el lugar que siempre tuvo en la construcción de la riqueza colectiva.

Una ley nacida del consenso
Más de seis mil personas participaron en consultas públicas, mesas de diálogo y foros ciudadanos para enriquecer la iniciativa.
El resultado fue una aprobación unánime en el Congreso de la Ciudad de México.
En un contexto marcado por la confrontación política, el consenso alcanzado en torno al derecho al cuidado se convirtió también en uno de los mensajes más significativos de la jornada.
La historia comienza después de la firma
Representantes de la Organización de las Naciones Unidas, legisladores y especialistas coincidieron en que la verdadera prueba comenzará con la implementación.
Los derechos no viven en los discursos.
Se materializan cuando existen presupuesto, infraestructura, personal capacitado, evaluación permanente y voluntad política para sostenerlos en el tiempo.
La ley ya existe.
Ahora deberá traducirse en escuelas, centros de cuidado, casas de día, espacios accesibles y tiempo recuperado para millones de personas.
El tiempo para vivir
Al concluir la ceremonia, quedó claro que la firma de un decreto no transforma por sí sola la realidad.
Pero sí puede abrir el camino para hacerlo.
La Ley del Sistema Público de Cuidados representa la posibilidad de que el trabajo silencioso que sostuvo durante siglos la vida cotidiana deje de ser una carga invisible y se convierta en una responsabilidad compartida.
Quizá esa sea la verdadera revolución anunciada desde el templete.
Una revolución que no se mide por el ruido de las consignas, sino por el alivio de una madre que recupera tiempo para estudiar; de una persona cuidadora que puede descansar; de una persona mayor que recibe atención digna; de una niña que crece sabiendo que sus sueños no estarán condicionados por los estereotipos de género.
Porque, como afirmó Clara Brugada al cerrar su mensaje, las mujeres han sostenido al mundo durante generaciones.
Ahora, concluyó, ha llegado el momento de que el mundo sostenga a las mujeres.

