Piel que inspira juventudes que transforman: Emiliano Cortés
11 agosto, 2026* Las fotografías del Proyecto Vitíligo no buscan provocar lástima; buscan reconocimiento.
* Detrás de cada mancha hay una historia de miedo, rechazo, autoestima y reconstrucción.
* La exposición en Plaza Luis Cabrera apuesta por la empatía y la dignidad como política pública.
* El vitíligo no es contagioso; el prejuicio sí puede dejar heridas profundas.

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez | Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, martes 11 de agosto de 2026.- La mañana en la Roma Norte todavía no llega y, sin embargo, la Plaza Luis Cabrera ya parece guardar un silencio distinto. No es el silencio de las bancas vacías ni el de los árboles inmóviles. Es el silencio de las historias que están a punto de mostrarse.
Este 12 de agosto de 2026, a las 10:00 horas, la Alcaldía Cuauhtémoc y la Fundación Mexicana de Vitíligo y Enfermedades de la Piel, inaugurarán la exposición fotográfica: “Piel que inspira juventudes que transforman”.
Pero reducirla a una exposición sería injusto.
Lo que se abrirá ese día no son solamente mamparas con retratos; será un espacio público para quienes durante años aprendieron a esconder las manos, a bajar la mirada o a responder preguntas que nunca debieron hacerse.
Las fotografías del Proyecto Vitíligo no buscan provocar compasión. Buscan algo más difícil: reconocimiento.
La primera mancha
En el programa especial de “Con Tlatelolco TV”, transmitido este lunes 10 de agosto a las 17:00 horas, una frase quedó suspendida en el aire:
“La piel también tiene memoria”.
Y quizá por eso el testimonio de Emiliano Cortés García, empleado de la Alcaldía Cuauhtémoc y persona con vitíligo, no se escuchó como una entrevista, sino como una confesión.
Recordó que las primeras manchas aparecieron en los nudillos cuando tenía 12 años. Un médico le dijo que podían ser por comer limón. Después vino el miedo.
Miedo a no saber qué estaba ocurriendo. Miedo a pensar que era un hongo, lepra o que la piel se desprendería. Miedo a mirarse en el espejo sin entender el propio cuerpo.
Su madre le explicó que en la familia ya existían antecedentes de vitíligo. Y entonces comenzó un proceso que millones de personas conocen, aunque pocas veces se cuenta en voz alta: aceptar no sólo los cambios físicos, sino también los emocionales.
Porque el vitíligo despigmenta la piel, pero el prejuicio puede despigmentar la seguridad de una persona.

Las heridas que no se ven
Emiliano habló de comentarios que aún duelen al recordarlos: que si le cayó cloro, que si parecía un dálmata, que si tenía relación con las vacas.
Contó también algo más grave: personas que no querían tocarle la mano por miedo al contagio; jóvenes obligados a maquillarse para conseguir trabajo; empresas que consideran que una piel distinta no representa la imagen adecuada.
Ahí la conversación dejó de ser dermatológica.
Se volvió social.
Porque el vitíligo no es únicamente una enfermedad autoinmune. También es un espejo que revela cuánto nos cuesta convivir con la diferencia.
Y en ese punto, la crónica se vuelve editorial: una sociedad que obliga a alguien a ocultarse no está defendiendo la estética; está normalizando la exclusión.
Cuando la energía cambia de dirección
Hace tres meses, relató Emiliano, su vitíligo comenzó a avanzar con mayor rapidez. Notó vellos sin pigmento y sintió la amenaza de una transformación más visible.
Pudo haberse encerrado en la preocupación.
Eligió otra cosa.
“Creo que debo ocupar mi energía en ayudar a las personas”, comentod.
Esa decisión dio origen al acercamiento con Irán Luis Luis, JUD de Inclusión y Juventudes de la Alcaldía Cuauhtémoc, más adelante, a la colaboración con la Fundación Mexicana de Vitíligo.
A veces los proyectos públicos nacen de un escritorio. Este nació de una herida convertida en causa.

La plaza como territorio de inclusión
Irán Luis Luis lo expresó con claridad: nadie apoya una causa que no conoce.
Por eso la exposición ocupará un espacio abierto y no una sala cerrada. La intención es que la ciudadanía se encuentre con rostros de niñas, niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, hombres y mujeres, todos con vitíligo.
No habrá un modelo ideal.
Habrá personas reales.
Y eso tiene una fuerza política silenciosa: decir que la diversidad no necesita permiso para existir en el espacio público.
La inclusión, entonces, deja de ser un discurso y se convierte en una imagen cotidiana.
Cuatro pilares contra el desconocimiento
Desde Nuevo León, vía Zoom, Mayra Vargas Villarreal, embajadora de la Fundación y parte de su comité directivo, explicó que la organización trabaja sobre cuatro pilares:
* Orientar: acompañar a quienes reciben el diagnóstico.
* Educar: combatir mitos y estigmas.
* Comunidad: evitar que las personas enfrenten el proceso en soledad.
* Investigar: generar datos y conocimiento científico.
Su intervención aportó un dato revelador: en México, esta es la única fundación formalmente constituida enfocada específicamente en vitíligo.
Detrás de esa afirmación hay una realidad incómoda: durante mucho tiempo, quienes viven con esta enfermedad han tenido más preguntas que respuestas.

La mirada de una madre
Desde Colima, Mirna Alejandra Casillas Calderón, madre de una niña con vitíligo y embajadora de la Fundación, introdujo una dimensión distinta.
Habló del impacto emocional en las familias.
Y dijo algo que merece quedarse:
“La representación importa”.
Quienes participan en Proyecto Vitíligo suelen hablar de un antes y un después de posar para la cámara. No porque la enfermedad desaparezca, sino porque la vergüenza empieza a perder territorio.
El arte, en este caso, no funciona como adorno. Funciona como reparación simbólica.
Lo que no logra curarse
Durante la conversación surgió una reflexión que atravesó todo el programa: cuando una persona es señalada, ridiculizada o excluida por su piel, el daño puede permanecer mucho tiempo después de que el comentario ha sido olvidado por quien lo hizo.
Hay heridas que no dejan cicatriz visible.
Y quizá esa sea la memoria más profunda de la piel.
No la del melanocito que desaparece, sino la de la palabra que humilla, la mano que se retira, la oportunidad laboral negada, la adolescencia vivida con miedo.
Tlatelolco escucha
Quienes hacemos periodismo comunitario sabemos que los grandes temas nacionales suelen llegar a los barrios convertidos en experiencias íntimas.
En Tlatelolco, donde tantas veces hemos narrado el agua que falta, la basura que se acumula, la inseguridad o el abandono urbano, este tema toca otra forma de vulnerabilidad: la del cuerpo observado.
Y quizá por eso esta crónica importa.
Porque hablar de vitíligo no es hablar sólo de dermatología. Es hablar de autoestima, de salud mental, de juventud, de familia, de trabajo, de derechos y de convivencia.
Una exposición para mirar distinto
El miércoles 12 de agosto, cuando las fotografías queden instaladas en Plaza Luis Cabrera, cada retrato propondrá una pregunta silenciosa:
¿Qué vemos primero: la mancha o la persona?
La respuesta definirá mucho más que nuestra opinión sobre una enfermedad.
Definirá el tipo de sociedad que estamos construyendo.
Datos de la exposición
Exposición fotográfica: La piel también tiene memoria \*Proyecto Vitíligo · Alcaldía Cuauhtémoc · Fundación Mexicana de Vitíligo y Enfermedades de la Piel
* Fecha: 12 de agosto de 2026
* Hora: 10:00 horas
* Lugar: Plaza Luis Cabrera, Orizaba s/n, Roma Norte, Alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México.

Epílogo
La piel recuerda el sol, las caricias, las cicatrices y el paso del tiempo.
Pero también recuerda el rechazo.
Que esta exposición sirva para que, algún día, las personas con vitíligo no tengan que explicar que no contagian, que no están rotas, que no deben esconderse.
Y que las nuevas generaciones aprendan algo esencial:
la dignidad de una persona jamás depende del color uniforme de su piel, sino de la capacidad de los demás para mirarla con respeto.
Porque sí, la piel tiene memoria.
Y la ciudad también debería tenerla.

