Una mujer sentada frente a su propia vida

Una mujer sentada frente a su propia vida

12 agosto, 2026 0 Por Staff Redaccion

* El papel de “Lola” de Gabriela Coppola, en “Cartas a la Fugitiva del Aire”

* El regreso que nunca fue ausencia: una actriz que vuelve al escenario para “hablarnos de la soledad, el amor y aquello que no sabemos soltar

* Gabriela Coppola presentó en “Con Tlatelolco TV” la segunda temporada del monólogo ‘Cartas a la Fugitiva del Aire”.

* La actriz interpreta a “Lola”, una mujer que revisa su vida, sus pérdidas y sus decisiones en un espacio íntimo compartido con el público.

* “El teatro es la rehabilitación de la vida plana”, recordó la actriz citando a la directora de escena Gabriela Tapia Berrón.

* La obra transforma las cartas del tarot en símbolos de memoria, destino y desprendimiento.

* Más que un monólogo, la puesta en escena se convierte en una conversación emocional con los espectadores.

Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez / Con Tlatelolco TV 

Ciudad de México, miércoles 12 de agosto de 2026.- Hay entrevistas que informan. Hay otras que, sin proponérselo, terminan pareciéndose a una confesión.

La transmisión en vivo de “Con Tlatelolco TV” con la actriz Gabriela Coppola comenzó como un recorrido por su trayectoria artística y terminó abriendo una puerta más profunda: la de una mujer que ha aprendido a habitar simultáneamente la maternidad, el amor, la profesión y la escena.

“Nos hemos dado el permiso de decir: ahorita estoy en modo mamá, ahorita en modo esposa, ahorita en modo actriz”, expresó con una sonrisa que escondía, quizá, el peso de todas las mujeres que alguna vez han tenido que dividirse sin dejar de ser ellas mismas.

Y entonces aparecióLola”.

No como un personaje distante, sino como un espejo.

El instrumento es la propia vida

“Cuando uno es actriz, tenemos que poner en primer plano toda nuestra vida emocional, nuestra vida intelectual y nuestro cuerpo. Nosotros mismos somos el instrumento de expresión”.

La frase cayó en el Foro Uno con la fuerza de una verdad sencilla.

No hablaba de fama ni de aplausos. Hablaba del costo invisible de actuar: prestarle el cuerpo y el alma a otra persona.

Coppola explicó que cada medio exige una técnica distinta —teatro, televisión, cine—, pero en el escenario ocurre algo irrepetible: no hay edición, no hay corte, no hay refugio.

Por eso corrigió con humor la idea de su “regreso”.

“Nunca he estado fuera. Hubo pausas largas, sí, pero no ausencia”.

Esa precisión importa. Porque muchas veces la sociedad llama “regreso” a lo que en realidad es resistencia silenciosa.

 Lola: la fugitiva del aire

La obra, escrita por la dramaturga mexicana Elizabeth Zárate, encuentra en Coppola una intérprete que no se limita a representar a Lola: la atraviesa.

En el monólogo, la protagonista comparte fragmentos de su vida, decisiones difíciles y las estrategias emocionales que ha construido para seguir adelante.

“Voy compartiendo poco a poco lo que ha sido el desarrollo de mi vida y la toma de decisiones para sobrellevar lo que le toca a Lola”.

La puesta en escena, dirigida por Carlos Echartea y Gabriela Tapia Berrón, se presenta en Conexión 222, un espacio alternativo de la Roma Norte donde el público no observa desde lejos: respira junto a la actriz.

“El público está en el escenario conmigo y yo estoy con el público”.

Ahí el teatro deja de ser representación y se convierte en cercanía.

 La rehabilitación de la vida plana

“El teatro es la rehabilitación de la vida plana”.

La reflexión de Gabriela Tapia Berrón, retomada por Coppola durante la entrevista, podría resumir el espíritu completo de la obra.

Vivimos rodeados de pantallas, mensajes instantáneos y presencias ausentes. Estamos conectados y, sin embargo, profundamente solos.

“Estamos viviendo una vida muy individual, muy en nuestros pensamientos, en nuestra pantalla plana y de ahí no salimos”.

Lola emerge precisamente de esa soledad contemporánea.

Una mujer que viene de un mundo comunitario —la actriz imaginó al personaje en Arandas, Jalisco— y que termina enfrentándose a una realidad donde debe preguntarse:

¿Qué necesito conservar y qué debo dejar ir?

 Las cartas no son de amor

Durante la conversación surgió una confusión reveladora.

Al escuchar el título, uno piensa en cartas amorosas, correspondencias perdidas, nostalgias de papel. Pero Coppola aclaró que las cartas de la obra pertenecen al universo del takrot, de los símbolos y de la búsqueda de sentido.

“¿Quién es la fugitiva del aire? Soy yo. Lola”.

Y luego desarrolló la imagen más poderosa del medio día:

“¿Cómo puede alguien ser fugitivo del aire cuando lo necesita para vivir?”

La metáfora es deslumbrante.

Necesitamos aquello de lo que intentamos escapar. El amor, la memoria, el pasado, el dolor, la identidad.

Lola huye y vuelve. Suelta y retiene. Respira y se asfixia.

Como todos.

El peso de lo que cargamos

La conversación derivó hacia otro tema central de la obra: las cargas acumuladas desde la infancia.

“Traemos cargando cualquier cantidad de cosas que no sabemos cómo soltar y que no queremos soltar, porque creemos que eso nos constituye”.

En ese momento, el monólogo dejó de pertenecer únicamente a las mujeres.

Se volvió una pregunta universal:

¿Cuántas heridas defendemos porque ya forman parte de nuestra columna vertebral?

El teatro, entonces, no ofrece respuestas. Ofrece reconocimiento.

 El amor, la discusión interminable

Hubo un instante casi doméstico, lleno de risas, cuando surgió la pregunta de si el amor existe.

Gricelda respondió que no; Gabriela defendió que sí, aunque depende de la definición que cada quien tenga.

La escena parecía ligera, pero escondía el corazón de Cartas a la Fugitiva del Aire: la imposibilidad de fijar una sola verdad emocional.

El arte no resuelve la discusión. La mantiene viva.

Carmen, Gia y la humanidad del escenario

Como si la obra quisiera demostrar que la vida siempre irrumpe en el teatro, apareció una gata en los ensayos generales y otra mascota durante la entrevista.

Coppola no se incomodó. Sonrió, acarició al animal y lo integró naturalmente al momento.

La anécdota provocó risas, pero también reveló algo esencial: la actriz no separa la sensibilidad escénica de la sensibilidad humana.

En un tiempo donde todo parece calculado, esos gestos espontáneos tienen un valor extraordinario.

 Una experiencia íntima, no un espectáculo distante

La segunda temporada de Cartas a la Fugitiva del Aire tendrá nueve funciones en Conexión 222, sobre Avenida Insurgentes, cerca de Durango y del Metrobús Durango.

Pero reducirla a una cartelera sería injusto.

Lo que Gabriela Coppola describió no es solo una función teatral. Es una experiencia de proximidad emocional.

El espectador no asiste únicamente a ver a Lola; Lola le cuenta su vida.

Casi al oído.

El teatro como último lugar de encuentro

En una ciudad que corre, notifica, desplaza y fragmenta, el monólogo de Gabriela Coppola aparece como un acto de resistencia afectiva.

Mientras las conversaciones se reducen a mensajes y las miradas se esconden detrás de las pantallas, el teatro recupera algo antiguo: la presencia.

Estar juntos en un mismo espacio para escuchar una historia.

Escucharla de verdad.

Y quizá descubrir, en medio de esa mujer llamada Lola, una parte de nosotros que también ha huido del aire, del amor, del pasado o de sí misma.

Porque al final, como dijo la actriz durante la transmisión, el arte existe para provocar pensamiento, reflexión y conexión.

Y ese medio día, en el estudio de Con Tlatelolco TV, Lola ya no era solo un personaje.

Era una pregunta respirando frente a nosotros.