41 años después, Tlatelolco vuelve a decir gracias
21 septiembre, 2026XLI Ceremonia 19S (1985–2026) | Reloj de Sol, Tercera Sección

Por Redacción de Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, lunes 21 de septiembre de 2026.- Hay lugares donde el tiempo no pasa del todo.
Tlatelolco es uno de ellos.
Aquí, entre edificios, plazas, andadores y espacios que forman parte de la memoria urbana de la Ciudad de México, septiembre tiene otra dimensión. Cada año, cuando llega el 19 de septiembre, la comunidad vuelve la mirada hacia aquella mañana de 1985 en la que la ciudad fue sacudida por uno de los terremotos más devastadores de su historia reciente.
Este año, en el Reloj de Sol, de la Tercera Sección, la memoria volvió a encontrarse con el presente.
Y frente a los rescatistas de la Brigada Internacional de Rescate “Topos Azteca”, Tlatelolco pronunció una palabra sencilla, pero cargada de historia:
Gracias.
No fue solamente un homenaje.
Fue también un acto de memoria, reconocimiento y pertenencia.
Del edificio Nuevo León a la memoria de cuatro décadas
En 1985, el edificio Nuevo León se convirtió en uno de los símbolos de la tragedia que golpeó a Tlatelolco.
Entre los escombros quedaron historias de familias, vecinos, sobrevivientes y personas que nunca regresaron a casa.
Pero también surgió una de las expresiones más poderosas de la solidaridad ciudadana: hombres y mujeres que, sin esperar recompensa, se incorporaron a las labores de búsqueda y rescate.
Entre ellos estuvieron quienes posteriormente serían identificados como los Topos Azteca.
Su historia está vinculada de manera profunda con los grandes movimientos de solidaridad surgidos después del terremoto.
Por eso, 41 años después, su presencia en Tlatelolco no puede entenderse únicamente como la visita de una brigada de rescate.
Es parte de una memoria colectiva.
El Reloj de Sol: un lugar para recordar

El Reloj de Sol de la Tercera Sección se convirtió nuevamente en punto de encuentro.
Ahí, la ceremonia reunió pasado y presente.
Los edificios que permanecen como testigos silenciosos de aquella mañana; los andadores por donde transitan generaciones de habitantes; los espacios comunitarios que han cambiado con los años y las personas que todavía conservan recuerdos de 1985 conformaron el escenario de esta conmemoración.
En Tlatelolco, la memoria no solamente está en los libros.
Está en la arquitectura.
Está en los espacios públicos.
Está en quienes recuerdan.
Y está también en quienes, año tras año, mantienen viva la ceremonia.
Una tradición que comenzó en 1986

La misa conmemorativa se organiza de manera ininterrumpida desde 1986, como un acto de recuerdo y homenaje a las víctimas y sobrevivientes relacionados con el edificio Nuevo León.
Entre las historias que permanecen en esta memoria se encuentran las de Rebeca Orozco Barrientos y Gloria Juárez Parga, sobrevivientes vinculadas a aquella tragedia.
El paso de los años no ha borrado sus nombres.
Por el contrario, los ha incorporado a una memoria comunitaria que se transmite de una generación a otra.
Porque recordar no significa permanecer atrapados en el pasado.
Significa reconocer de dónde venimos.
19 de septiembre de 1985: una herida que cambió a la ciudad
El sismo del 19 de septiembre de 1985 tuvo una magnitud de 8.1 y su epicentro se localizó frente a las costas de Michoacán.
Las cifras de víctimas han sido objeto de diferentes registros y estimaciones. El dato oficial históricamente citado es de alrededor de 6 mil personas fallecidas, mientras que diversas estimaciones posteriores han planteado cifras considerablemente mayores, incluso cercanas a 40 mil.
Más allá de la diferencia entre registros, existe un hecho indiscutible: el terremoto transformó profundamente a la Ciudad de México.
Cambió sus normas de construcción.
Modificó la manera de entender la protección civil.
Fortaleció la organización vecinal.
Y dejó una enseñanza que permanece vigente: ante una emergencia, la comunidad puede convertirse en la primera línea de respuesta.
Los Topos son parte de esa historia.
Tlatelolco: memoria, solidaridad y cultura urbana

Hablar de Tlatelolco es hablar también de una particular cultura urbana.
Aquí la vida comunitaria se desarrolla alrededor de plazas, jardines, andadores y edificios que forman un conjunto habitacional concebido con una fuerte dimensión peatonal.
Esa estructura urbana ha permitido que la comunidad construya vínculos que trascienden las puertas de cada departamento.
Por eso, una ceremonia como la del Reloj de Sol no ocurre en un espacio aislado.
Ocurre dentro de una ciudad habitada.
Una ciudad que recuerda mientras camina.
Una ciudad que conserva testimonios familiares, fotografías, nombres y relatos.
Una ciudad que cada septiembre vuelve a mirar hacia el mismo pasado para preguntarse qué hemos aprendido.
La memoria también camina
Un día después de la ceremonia, el domingo 20 de septiembre, se realizó el paseo histórico “Tlatelolco, memoria y resiliencia”, organizado por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México.
El recorrido incluyó el sitio del Nuevo León y la Plaza de las Tres Culturas.
El itinerario permitió mirar Tlatelolco desde otra perspectiva: no solamente como un Conjunto Habitacional, sino como un territorio donde convergen distintas capas de la historia mexicana.
La memoria, en este sentido, también camina.
Pasa frente a los edificios.
Cruza las plazas.
Se detiene en los lugares donde ocurrieron los acontecimientos.
Y encuentra nuevas generaciones dispuestas a escuchar.
La ceremonia que salió de Tlatelolco

El homenaje también tuvo repercusión fuera de la Unidad Habitacional.
Más de 15 medios nacionales replicaron información sobre la ceremonia del Reloj de Sol, destacando la presencia de los Topos Azteca y la importancia de su trayectoria.
Entre los espacios informativos que difundieron referencias al acto se encuentran Gaceta Queretana, Milenio y Expresso.
La repercusión mediática muestra que la memoria de Tlatelolco continúa trascendiendo sus límites territoriales.
Lo que ocurrió aquí hace 41 años sigue formando parte de la memoria pública de México.
No se trata solamente de recordar
Cada aniversario plantea una pregunta inevitable:
¿Qué hacemos con la memoria?
Recordar a las víctimas.
Reconocer a los sobrevivientes.
Nombrar a quienes ayudaron.
Escuchar a quienes estuvieron ahí.
Preservar los lugares.
Transmitir la historia a quienes nacieron después.
Todo ello forma parte de una misma responsabilidad colectiva.
Los Topos Azteca representan una de esas historias.
No solamente por las operaciones de rescate realizadas durante décadas, sino por lo que su presencia significa dentro de una cultura de solidaridad que nació con enorme fuerza después de 1985.
GRACIAS, TOPOS AZTECA
Cuarenta y un años después, Tlatelolco volvió a reunirse.
El Reloj de Sol volvió a convertirse en punto de encuentro.
La memoria volvió a pronunciar nombres.
Y frente a quienes dedicaron parte de su vida al rescate y a la solidaridad, la comunidad hizo lo que quizá mejor resume cuatro décadas de historia:
decir gracias.
Gracias por estar.
Gracias por recordar.
Gracias por no olvidar.
Porque mientras existan personas dispuestas a rescatar, comunidades dispuestas a acompañar y generaciones dispuestas a recordar, aquella solidaridad nacida entre los escombros seguirá teniendo un lugar en la Ciudad de México.
Tlatelolco no olvida.
Y la comunidad de Tlatelolco les dice: GRACIAS, TOPOS AZTECA.
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