Los niños de Gaza, no son una amenaza
13 octubre, 2026El grito de Palestina llegó al corazón de México
Entre cantos en árabe, consignas y testimonios, cientos de personas marcharon por Paseo de la Reforma para exigir justicia y paz. La historia de Esraa Mohammad Habush, una madre palestina que perdió una pierna y llegó a México con sus hijas buscando atención médica, convirtió la solidaridad en un encuentro profundamente humano.
Redacción / Con Tlatelolco TV
Video y testimonios: Roberto Ramírez / “Información Humana”
Ciudad de México, martes 13 de octubre de 2026.
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Una madre, dos hijas y una historia que estremeció a México
Hay historias que no necesitan grandes discursos para conmover.
Basta una mirada. Una silla de ruedas. Una madre acompañada de sus hijas. Una voz que intenta explicar, en un idioma distinto al nuestro, cómo se sobrevive cuando la violencia arrebata la tranquilidad, el hogar y una parte de la vida.
El sábado 10 de octubre, cientos de personas se congregaron en el Ángel de la Independencia para participar en la Jornada de Acción Global por Palestina.
La movilización avanzó sobre Paseo de la Reforma hacia la Plaza Palestina Libre, frente al Hemiciclo a Juárez.
Las banderas palestinas ondeaban entre pancartas, kufiyas y tambores.
Se escuchaban cantos en árabe y consignas en español.
Pero, entre aquellas voces, una historia concentró la atención.
Era la de Esraa Mohammad Habush, una mujer palestina originaria de Gaza que llegó a México buscando atención médica y seguridad para su familia.
De acuerdo con los testimonios presentados durante la manifestación, Esraa perdió una pierna como consecuencia de las heridas sufridas durante un ataque contra un hospital donde acompañaba a su hija, quien previamente había recibido un impacto de bala en la cabeza.
Los participantes atribuyeron este último ataque a un dron israelí.
Ambas sobrevivieron.
Sin embargo, sobrevivir no significa que el sufrimiento haya terminado.
En las imágenes registradas por Roberto Ramírez, de Información Humana, Esraa aparece en silla de ruedas, acompañada de sus dos hijas pequeñas, también en sillas de ruedas.
Tres vidas marcadas por la violencia.
Tres personas que encontraron en México una oportunidad para recibir tratamiento y recuperar algo tan elemental como la tranquilidad.
Su presencia recordó que detrás de cada noticia sobre Gaza existen personas con nombres, familias, recuerdos y esperanzas.
Y que ninguna cifra puede explicar por completo el dolor de una madre que lucha por proteger a sus hijas.
Los niños de Gaza no son una amenaza
La marcha avanzaba entre cantos en árabe y consignas en español.
Los tambores acompañaron las voces de quienes levantaban banderas palestinas.
Una frase comenzó a repetirse:
—¡Los niños de Gaza no son una amenaza!
Era una denuncia contra el sufrimiento de la infancia palestina.
Desde el templete, una oradora relató la historia de Esraa y su hija.
Habló de las heridas, del hospital atacado y de la experiencia que obligó a la familia a abandonar Gaza.
Después, al referirse a su llegada a México, expresó:
“Ya es mexicana. Mira, hermana, ya es mexicana”.
La afirmación, pronunciada como una expresión de bienvenida, no permite por sí sola confirmar que Esraa haya adquirido legalmente la nacionalidad mexicana.
Pero transmitió un mensaje de solidaridad.
Para quienes escuchaban, aquella mujer no era una desconocida.
Era una madre que necesitaba ayuda.
Una persona que había llegado desde una tierra devastada buscando atención médica y protección.
Por unos instantes, la distancia entre Gaza y México pareció desaparecer.
La voz de Esraa: “No había seguridad, teníamos miedo”
Cuando Esraa Mohammad Habush tomó la palabra, lo hizo en árabe.
Su testimonio fue traducido al español.
Habló de la vida cotidiana durante la guerra, de las heridas y del miedo.
De lo que significa abandonar el lugar donde una familia ha construido su historia.
En una traducción aproximada, expresó:
“Nuestra vida en Gaza antes de venir a México, por supuesto, con la presencia de la guerra, fue una vida muy cansada, sin seguridad, con miedo”.
Después recordó las lesiones que sufrieron ella y su hija y la necesidad de salir de Gaza para recibir tratamiento.
Sus palabras también estuvieron acompañadas de agradecimiento:
“Les agradezco a todos ustedes, y al pueblo mexicano le agradezco especialmente por su apoyo a la causa palestina y por recibirnos”.
No fue un discurso político.
Fue el testimonio de una madre que había vivido una experiencia devastadora.
Una mujer que, después de abandonar su hogar, encontró palabras para agradecer a quienes la recibieron.
En su intervención había dolor, pero también esperanza.
La esperanza de recibir tratamiento.
De recuperar la tranquilidad.
De ofrecer a sus hijas una vida sin miedo.
Cantos en árabe: la memoria de Palestina
La manifestación estuvo acompañada de expresiones culturales palestinas.
En el registro audiovisual se escuchan cantos y consignas musicales en árabe.
Entre sus versos aparece la expresión:
«دم الشهيد معطر بالهيل»
Una referencia poética cuya traducción aproximada alude a la sangre del mártir perfumada con cardamomo.
Los cantos continuaron mientras los participantes levantaban banderas y acompañaban el ritmo de los tambores.
Para las comunidades desplazadas, la música puede convertirse en una forma de conservar la memoria.
Las canciones permiten recordar lugares, historias familiares y tradiciones transmitidas entre generaciones.
Durante la marcha, el árabe y el español se encontraron en un mismo espacio.
Dos idiomas distintos para expresar una preocupación compartida:
Que ninguna familia tenga que vivir bajo el miedo de la guerra.
La embajadora de Palestina agradeció la solidaridad mexicana.
Otro momento significativo fue la intervención de Nadya Rasheed, embajadora de Palestina en México.
Desde el templete, junto a Esraa, la representante diplomática agradeció la solidaridad del pueblo mexicano.
También, hizo un llamado a la comunidad internacional para detener el conflicto y atender la emergencia humanitaria.
La movilización reunió a organizaciones sociales, sindicales, estudiantiles, colectivos de derechos humanos y agrupaciones judías contrarias a las políticas del Gobierno israelí.
La presencia de la embajadora otorgó una dimensión diplomática a una jornada marcada por los testimonios personales.
Durante la manifestación se presentó información atribuida a organismos de Naciones Unidas y agencias humanitarias sobre las víctimas en Gaza.
Las cifras específicas deberán contrastarse con los informes originales y sus fechas de actualización antes de publicarse como datos verificados.
Sin embargo, el mensaje de los participantes fue claro.
La violencia no afecta solamente a quienes intervienen directamente en los enfrentamientos.
También, alcanza a familias, hospitales, escuelas y viviendas.
Sus consecuencias recaen especialmente sobre niñas, niños, pacientes y personas que requieren asistencia.
Frente a los manifestantes, la historia de Esraa permitió comprender esa dimensión humana.
Soy judía mexicana: una voz contra la ocupación
La movilización reunió a personas de distintas identidades y convicciones.
Entre ellas, una participante se identificó como judía mexicana.
Su declaración fue contundente:
“Soy judía mexicana, estamos aquí para protestar el genocidio, para protestar el régimen de ocupación, del apartheid, del despojo”.
Después expresó una acusación política contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el presidente estadounidense, Donald Trump:
“Netanyahu asesino, Trump patrocina.
Estas palabras corresponden a la manifestante y deben entenderse como parte de su denuncia, no como una determinación judicial de este medio.
Su participación también recordó una distinción fundamental:
La identidad judía no debe confundirse con las decisiones del Gobierno de Israel.
Durante la marcha aparecieron pancartas con mensajes como:
“JUDÍOS POR UNA PALESTINA LIBRE”.
“JUDÍES CONTRA EL GENOCIDIO”.
Las expresiones mostraron que la solidaridad con la población palestina puede surgir desde diferentes tradiciones religiosas, identidades y posiciones políticas.
Las voces de la calle: “No podemos normalizar lo que ocurre”
A lo largo de la movilización, Roberto Ramírez recogió testimonios de participantes que explicaron sus motivos para acudir.
Nereida Avendaño habló de solidaridad humanitaria y de la necesidad de no acostumbrarse al sufrimiento de la población de Gaza.
Karen Cherif exigió un alto al fuego inmediato.
David Martínez señaló que la situación de Palestina debe entenderse como un asunto de derechos humanos y no exclusivamente como una disputa política.
Por su parte, Angélica Hernández y Liddiett Delgado calificaron lo que ocurre en Gaza como genocidio y pidieron al Gobierno mexicano adoptar una posición más firme.
Sus declaraciones expresaron distintas preocupaciones, pero coincidieron en una exigencia:
Detener la violencia y proteger a la población civil.
Mientras las entrevistas se desarrollaban, continuaban los cantos y las consignas.
También, aparecieron marionetas y figuras simbólicas alusivas a Palestina.
La movilización adquirió así una dimensión política, cultural y testimonial.
Handala: el niño que permanece mirando a su pueblo
Entre las referencias culturales de la jornada apareció Handala, uno de los símbolos más reconocidos de la identidad palestina.
Durante la manifestación, una participante explicó su significado.
Lo describió como un niño que permanece de espaldas, mirando hacia Palestina.
La figura fue creada por el caricaturista palestino Naji al-Ali, cuya familia sufrió el desplazamiento durante la Nakba de 1948.
Handala representa a un niño de diez años, generalmente descalzo y con las manos entrelazadas detrás de la espalda.
Su edad permanece simbólicamente detenida.
Representa una infancia marcada por el desarraigo.
La participante explicó que el personaje permanece mirando hacia su pueblo para recordar al mundo lo que ocurre en Palestina.
Su interpretación resumió uno de los sentimientos de la marcha:
No olvidar.
No mirar hacia otro lado.
No permitir que el sufrimiento de las familias desplazadas desaparezca de la memoria colectiva.
Palestina: una historia que no comenzó en octubre de 2023
Para comprender las exigencias expresadas durante la movilización es necesario recordar los antecedentes históricos del conflicto israelí-palestino.
Uno de sus momentos fundamentales fue la guerra de 1948 y la Nakba, término árabe que significa catástrofe y que recuerda el desplazamiento de cientos de miles de palestinos.
En 1967, Israel ocupó Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental durante la Guerra de los Seis Días.
Aunque Israel retiró sus asentamientos y fuerzas permanentes del interior de Gaza en 2005, continuaron las disputas relacionadas con el control territorial, las fronteras y las restricciones a la circulación.
Desde 2007, Gaza ha enfrentado severas restricciones impuestas por Israel, con controles adicionales de Egipto en su frontera.
El 7 de octubre de 2023, Hamás y otros grupos armados palestinos perpetraron ataques contra Israel, mataron a civiles y tomaron rehenes.
La posterior ofensiva militar israelí en Gaza provocó una crisis humanitaria de enormes dimensiones.
Durante la manifestación, varias participantes insistieron en que la situación no puede comprenderse únicamente a partir de octubre de 2023.
Una oradora expresó
“Esto no es una guerra, que Israel está cometiendo genocidio, principalmente contra niños, contra mujeres y contra gente inocente”.
La acusación de genocidio ha sido objeto de procedimientos internacionales, investigaciones y debates jurídicos.
Es necesario distinguir entre las denuncias de los participantes, las conclusiones de organismos internacionales y las decisiones de los tribunales competentes
La protección de la población civil y el respeto al derecho internacional humanitario constituyen obligaciones fundamentales para todas las partes involucradas.
“Lo que pasa en Gaza puede pasar en nuestra casa”
Una de las intervenciones más intensas estuvo a cargo de una activista que pidió mantener viva la conversación pública sobre Palestina.
“Debemos de seguir hablando de Palestina, que el genocidio se debe de detener”.
Después cuestionó la normalización del sufrimiento:
“No es posible que lo estemos viendo en vivo y lo aceptemos sólo como algo que tiene que pasar”.
Y añadió:
“Hay que estar atentos, porque lo que pasa en Gaza puede pasar en nuestra casa”.
La frase fue una advertencia moral sobre la fragilidad de los derechos humanos.
Porque la protección de la vida no debería depender de la nacionalidad, la religión o el lugar de nacimiento.
Porque una niña herida no representa una amenaza militar.
Porque una madre que busca atención médica merece protección.
Y porque ningún pueblo debería acostumbrarse a vivir bajo el miedo.
La humanidad no puede acostumbrarse al sufrimiento
Hay una pregunta que permanece después de escuchar el testimonio de Esraa Mohammad Habush:
¿En qué momento dejamos de conmovernos ante el dolor de los demás?
La repetición cotidiana de noticias sobre guerras y desplazamientos puede producir una peligrosa indiferencia.
Los acontecimientos se convierten en cifras.
Las víctimas, en estadísticas.
Las ciudades destruidas, en imágenes que desaparecen cuando comienza la siguiente noticia.
Pero ninguna persona debería ser reducida a un número.
Esraa tiene un nombre.
Tiene hijas.
Tiene una historia anterior a la guerra.
Y tiene derecho a construir un futuro.
Su presencia en México también representa una responsabilidad para quienes ejercemos el periodismo.
Informar no significa solamente reproducir declaraciones.
Significa escuchar, investigar, verificar y contextualizar.
Significa reconocer el sufrimiento humano sin renunciar al rigor.
La compasión no sustituye a la verdad periodística. La vuelve todavía más necesaria.
Denunciar el sufrimiento de la población palestina no exige justificar los ataques contra civiles israelíes.
Defender los derechos humanos de las familias de Gaza tampoco implica desconocer los derechos de otras poblaciones.
La dignidad humana debe protegerse sin distinciones.
Desde esta perspectiva, la movilización registrada por Información Humana representa algo más que una expresión política.
Es una exigencia de atención humanitaria, justicia y respeto a la vida.
La solidaridad adquiere su verdadero significado cuando reconoce el dolor de personas que nacieron lejos de nosotros, hablan otro idioma y pertenecen a culturas diferentes.
Porque el sufrimiento humano no tiene fronteras.
Y la compasión tampoco debería tenerlas.
El último grito: “Palestina libre”
La movilización continuó sobre Paseo de la Reforma.
Las banderas palestinas se levantaron nuevamente.
Las kufiyas, los tambores y las pancartas acompañaron el avance de los manifestantes.
Las voces volvieron a encontrarse:
—¡Palestina libre!
—¡México está con Palestina!
Después resonaron otras consignas:
—¡No es una guerra, es genocidio!
—¡Desde el río hasta el mar, Palestina vencerá!
Esta última expresión tiene interpretaciones políticas distintas y controvertidas. Durante la movilización fue utilizada por los participantes como parte de su reivindicación de libertad para Palestina.
De acuerdo con el registro audiovisual descrito, la manifestación transcurrió pacíficamente y estuvo marcada por una profunda carga emocional.
Hubo denuncias.
Hubo cantos.
Hubo testimonios.
Pero, sobre todo, hubo una historia que permitió comprender la dimensión humana de la tragedia.
La de una madre palestina que llegó a México después de sufrir heridas graves y que, frente a una multitud, encontró palabras para agradecer.
Esraa Mohammad Habush.
Una mujer que sobrevivió junto a su hija.
Una madre que busca atención médica y tranquilidad para su familia.
Una historia que cruzó fronteras y llegó hasta el corazón de la Ciudad de México.
Mientras las últimas consignas resonaban cerca del Ángel de la Independencia, permanecía una frase pronunciada durante la jornada:
“Los niños de Gaza no son una amenaza”.
Y también una certeza que trasciende cualquier frontera:
Ninguna infancia debería crecer entre el miedo y la destrucción. Ninguna madre debería tener que abandonar su hogar para encontrar seguridad.
La marcha terminó.
Las voces fueron apagándose.
Pero la historia de Esraa permaneció.
Porque algunas noticias se leen y se olvidan.
Otras nos recuerdan que, antes que cualquier nacionalidad, compartimos una misma condición: somos humanos.
VIDEO | LA HISTORIA DE ESRAA MOHAMMAD HABUSH
Roberto Ramírez / Información Humana
El reportaje audiovisual reúne los cantos en árabe, las consignas en español, las intervenciones de los manifestantes y el testimonio de Esraa Mohammad Habush, la madre palestina que llegó a México con sus hijas para recibir atención médica.
La cobertura documenta una jornada de solidaridad con Palestina en Paseo de la Reforma, desde el Ángel de la Independencia hasta el centro de la Ciudad de México.
▶ VER EL REPORTAJE COMPLETO:
Conoce la historia de Esraa, escucha las voces de los manifestantes y acompaña este testimonio de solidaridad humanitaria.
Crónica y edición: Redacción / Con Tlatelolco TV
Video y testimonios: Roberto Ramírez / Información Humana
Movilización: Sábado 10 de octubre de 2026.
Lugar: Paseo de la Reforma, del Ángel de la Independencia a la Plaza Palestina Libre, Ciudad de México.


