“El Topo Mayor”, Héctor Méndez es rescatista, no político
28 junio, 2026
*** En las horas más oscuras de una tragedia, la solidaridad suele hablar más fuerte que cualquier discurso. Desde México, el grupo de rescatistas Los Topos volvió a demostrar que la vocación de salvar vidas no tiene fronteras ni colores partidistas. Su fundador, Héctor Méndez, “El Topo Mayor”, respondió con firmeza a quien pretendió involucrarlo en un mensaje político: “Yo no soy político, soy rescatista”
Ignacio Arellano y Gricelda Domínguez /. Con Tlatelolco TV
Ciudad de México, domingo 28 de junio de 2026.- Hay momentos en que la historia pone a prueba la esencia de las personas. Las tragedias naturales desnudan tanto la grandeza como las miserias del ser humano. Mientras unos buscan protagonismo, otros simplemente toman una pala, una lámpara y se internan entre los escombros con la esperanza de encontrar una vida.
Así volvió a ocurrir con el grupo mexicano de rescatistas Los Topos, encabezado por Héctor Méndez, conocido internacionalmente como “El Topo Mayor”, quien, a sus 80 años, continúa respondiendo al llamado de la solidaridad dondequiera que una tragedia golpee.
Su presencia en Venezuela no representa una bandera política. Representa algo mucho más profundo: la fraternidad del pueblo mexicano hacia un pueblo que hoy enfrenta el dolor, la incertidumbre y la esperanza.
Una respuesta que retrata toda una vida
Durante una entrevista concedida a un medio de comunicación venezolano, una periodista le habría sugerido agradecer públicamente a la presidenta de ese país.
La respuesta del veterano rescatista fue tan espontánea como contundente.
“Mira, mija, tengo 80 años y no me vas a venir a decir qué decir. No eres mi jefa. Yo no soy político, soy rescatista”.
No fue únicamente una frase. Fue la declaración de principios de un hombre que ha dedicado décadas a rescatar personas, no a construir discursos.
Quien ha visto el dolor cara a cara sabe que bajo los escombros no existen ideologías; existen seres humanos esperando una oportunidad para volver a respirar.
Tres veces en Venezuela… siempre para salvar vidas
No era la primera ocasión que Héctor Méndez llegaba a territorio venezolano.
Su experiencia lo llevó anteriormente al terremoto de Cariaco, en 1997; al devastador deslave de Vargas, en 1999; y ahora regresó para colaborar en las labores de búsqueda y rescate tras la reciente emergencia sísmica.
Tres tragedias distintas.
Tres generaciones de venezolanos.
Un mismo compromiso: salvar vidas.
Esa constancia ha convertido a “El Topo Mayor” en un referente internacional del rescate humanitario y en un símbolo del espíritu solidario que caracteriza a miles de voluntarios mexicanos.
La solidaridad no debe tener dueño
En medio del desastre surgieron voces ciudadanas que expresaron su inconformidad por la respuesta de las autoridades y por el intento, según algunos testimonios, de atribuir políticamente los esfuerzos de rescate.
Esas opiniones forman parte del debate público generado por la emergencia y reflejan el dolor y la indignación de quienes vivieron horas de angustia esperando ayuda para sus seres queridos.
Sin embargo, la labor de los rescatistas permanece en otro plano: el de la ayuda humanitaria.
Porque el reconocimiento más importante no proviene de un gobierno ni de una institución. Proviene de la mirada de quien fue encontrado con vida entre los escombros.
El pueblo mexicano vuelve a tender la mano
Cada vez que una catástrofe golpea en cualquier rincón del mundo, México suele responder con una tradición que nació entre sus propias heridas: la solidaridad.
Los Topos son herederos de esa cultura de ayuda que surgió tras el terremoto de 1985 y que ha recorrido continentes llevando esperanza donde parece imposible encontrarla.
Héctor Méndez no necesita pronunciar discursos políticos. Su biografía está escrita con polvo, concreto, noches sin dormir y vidas rescatadas.
Mientras algunos discuten quién merece los aplausos, él continúa haciendo aquello que ha definido toda su existencia: buscar sobrevivientes.
Porque, al final, la historia suele recordar más a quienes salvaron vidas que a quienes intentaron apropiarse de ellas mediante discursos. Esa es la diferencia entre la política pasajera y la solidaridad que permanece.


